Arlindo Luciano Guillermo
Mario Vargas Llosa pareciera que está vivo entre sus lectores y en acontecimientos culturales y literarios que se organizan en su nombre. Después de Garcilaso de la Vega, César Vallejo, José María Arguedas y Julio Ramón Ribeyro, lo mejor que le ha pasado al Perú es Mario Vargas Llosa, que escribió novelas desde 1963 (La ciudad y los perros) hasta dos años antes de morir (Te dedico mi silencio). Yo, a veces, espero una columna de opinión en El País o cuándo va a publicar el ensayo sobre Jean Paul Sartre. El domingo 2 de noviembre me dirigía al cementerio, pero cambié de rumbo hacia Crisol. Compré para la relectura El sueño del celta, La utopía arcaica y La civilización del espectáculo. No encuentro a quién leer con pasión y furia. No hay por quién dejar de hacer lo que estamos haciendo para leer un libro de reciente publicación. Yo dejé de leer otros libros, incluso de comer y dormir, sacrificar presupuesto para comprar y leer los libros de Vargas Llosa.
Mario Vargas Llosa ha logrado inmortalidad histórica con seis novelas y cuatro ensayos literarios. Escribió novelas maestras -como en su tiempo Madame Bovary, Los miserables, Guerra y paz o Crimen y castigo- que proceden del magisterio afortunado de Gustavo Flaubert, William Faulkner y Jean Paul Sartre: La ciudad y los perros, inigualable, imprescindible, síntesis social y cultural del Perú; La casa verde, prodigio de técnica narrativa donde el desierto, el prostíbulo y el río en la selva tejen historias de personajes empujados a destinos inciertos; Conversación en La Catedral, mural político-social que revela la dictadura de Odría, el prolongado diálogo entre Santiago Zavala y el zambo Ambrosio, las atrocidades de Cayo Bermúdez (Cayo Mierda), la universidad San Marcos y la célula Cahuide; La guerra del fin del mundo, conflicto entre los poderes del Estado (política y ejército) y el fanatismo religioso en Canudos; La fiesta del Chivo, la ferocidad de un tirano, con años prolongados en el poder, perversión de las instituciones y envilecimiento de la sociedad, el retorno de Urania Cabral a República Dominicana; El sueño del celta, biografía literaria de Roger Casement, poderosa denuncia social y política sobre el genocidio flagrante de nativos en el Congo y la región del Putumayo.
Mario Vargas Llosa escribió ensayos de gran calidad y argumentación intelectuales. En La orgía perpetua hace un estudio concienzudo de la escritura de Madame Bovary y el perfeccionismo literario de Gustavo Flaubert. MVLl siempre ha reconocido la influencia que ejerció sobre él las novelas de Gustavo Flaubert. Aprendió, como un obediente discípulo, la correcta elección del narrador, la palabra precisa y la vocación de escritor. Sin Flaubert no hubiéramos tenido a Vargas Llosa novelista ni Premio Nobel de Literatura. Historia de un deicidio es lectura imprescindible si se quiere conocer la biografía, el contexto social de su escritura literaria y las ficciones de Gabriel García Márquez desde sus primeros cuentos hasta Cien años de soledad. Este libro fue publicado once años antes de que García Márquez recibiera el Premio Nobel de Literatura en 1982. Es un estudio minucioso, de análisis sesudo y profundo. Ahí está la teoría de la novela total y del sustituto de la realidad real por la realidad ficticia. Dice MVLl: “Escribir novelas es un acto de rebelión contra la realidad, contra la creación de Dios que es la realidad. Es una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea”. La utopía arcaica, aunque polémica, versa sobre la relación íntima existente entre la biografía y la literatura de José María Arguedas y su vigencia e impacto en la sociedad peruana del siglo XX. La civilización del espectáculo es un análisis sobre la cultura, la política y el periodismo actuales. La cultura ha perdido el poder de acercarnos a la realidad y tomar conciencia de los sucesos cotidianos e históricos; se ha convertido en una actitud frívola y banal, que poco o nada le interesa la trascendencia social y prefiere obsesivamente lo fácil, la epidermis y lo simplón. Dice MVLl: “¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal”. La gente prefiere programas de farándula antes que La función de la palabra de Marco Aurelio Denegri. Isabel Preysler -exesposa de Julio Iglesias y exnovio de Mario Vargas Llosa- recientemente ha publicado sus memorias Mi verdadera historia, donde da a conocer algunas cartas de Vargas Llosa. Esto recuerda a Julia Urquidi Illanes, primera esposa de Mario, cuando publicó, después de La tía Julia y el escribidor, Lo que Varguitas no dijo. Reconciliado con Patricia Llosa, murió a los 89 años, lúcido, con la memoria fresca.
Mario fue un valiente y coherente periodista de opinión. Lo echo de menos cuando reviso El País o El Comercio. Sus trabajos periodísticos fueron reunidos en tres tomos: El fuego de la imaginación. Libros, escenarios, pantallas y museos, El país de las mil caras. Escritos sobre el Perú y El reverso de la utopía. América Latina y Oriente Medio. Dos libros demuestran su pasión, talento y valentía de cronista y reportero in situ, en medio del fuego cruzado: Israel-Palestina: Paz o guerra santa y Diario de Irak. Ahí Vargas Llosa se exhibe como un periodista experimentado, investigador, de gran oído para recopilar información y comprometido con la causa de la libertad, la democracia y la soberanía de los pueblos. Estos libros los leí con interés de aprendiz y lector compulsivo. En El pez en el agua, sus memorias, escribe: “Los tres meses que trabajé en La Crónica, entre el cuarto y el último año de secundaria, provocarían grandes trastornos de mi destino. Allí aprendí, en efecto, lo que era el periodismo, conocí una Lima ignota hasta entonces para mí, y, por primera y última vez, hice vida bohemia”. Las evocaciones de esa aventura periodística fueron plasmadas, con “inevitables maquillajes y añadidos”, en la novela Conversación en La Catedral; el periodista Santiago Zavala -el del célebre “en qué momento se había jodido el Perú”- es el alter ego de Mario Vargas Llosa.
A Mario Vargas Llosa le debo no ser escritor de ficciones, sino escribir periodismo de opinión. Vivo o muerto se habla, se discute, se le hacen homenajes. La muerte no puede contra él, sus novelas y ensayos conforman la bibliografía almacenada en la memoria colectiva. Desde la ciudad de Arequipa, donde se realizó el X Congreso Internacional de la Lengua Española, mi amigo y poeta Andrés Jara me trajo Diccionario Mario Vargas Llosa. Habitó las palabras (2025), publicado por el Instituto Cervantes de España, que al decir del novelista Sergio Ramírez, “se trata de un diccionario que, desde la A de Arequipa, su ciudad natal, a la Z de Zavalita, el personaje de Conversación en La Catedral, recorre el universo literario y geográfico del novelista, sin que quede una sola de las letras del alfabeto por explorar”.




