MARIELA LEAL Y TSUNAMI

Israel Tolentino

Mariela Leal, como una de sus creaturas regresa a Buenos Aires; el aeropuerto colinda con el mar de Lima, ella ha logrado estar unos días en la capital, montando su individual “Tsunami”.

El camino del arte nunca es recto, tiene mucho de los designios celestiales o las formas de ciertas hipótesis, a la par, los tiempos tampoco responden al reloj de la muñeca; Mariela, sencillo personaje de carne y hueso, encuentra en esa experiencia, sus más íntimas meditaciones.

Mariela es una infanta frente a sus reflexiones. Piensa en Argentina y Chile como sus dos patrias. En su mente, el mapa de América del Sur se dibuja como un embudo; a la parte estrecha, por un lado, le baña el mar Atlántico, donde se lanzan las olas llegadas del sur del África y, por el poniente, el océano Pacífico, corrientes que circulan desde el Asía y Australia. Un Tsunami es entonces, para ella, un peligro inminente por uno u otro lado, ya sea en Argentina o Chile. Entre estos dos territorios, como una punta de embudo, desarrolla su carrera artística.

¿Por qué, Mariela presenta en Lima, una individual denominada Tsunami? Desde donde se emplaza el espacio “Cholo Terco”, se puede sentir el aroma del mar, el golpe de la blancura de las olas chocando con brutalidad contra las rocas, algo así como riesgo apremiante. Curiosamente, desde el nivel donde Mariela observa, el mar es un recinto estético, formas orgánicas, repitiéndose incansablemente, sin suponer peligro. Es justamente, esa mirada descubierta desde la distancia, que ha hecho “esculpa” esculturas blandas, como señala la curadora Angie Bonino: “su técnica se basa en el uso de la tela de Brocado, un material que dota a sus objetos de una cualidad táctil y visual”.

Dos focas, de tamaño natural, observan un dibujo montado frente a ellas, los objetos en exposición haciendo la parte del espectador, Mariela usa la delicadeza de las formas para que la reflexión sea tierna, pueda ser acariciada por las manos y sentada sobre un mueble si fuera posible, es que ella, es desde siempre una artista niña; ha logrado conseguir con la amabilidad de sus formas quitarle la tosquedad a la realidad y dejar el mensaje: las focas tienen la piel dura, trituran crudamente pescados, su olor es a sal de mar. Las esculturas de Mariela son sensoriales, diseñadas para acercarnos a ellas y ponerles la mano, apretarlas, estrujarlas, como un encuentro con un afecto, prescinde de toda esa aspereza, pero para no tener el peso y dureza del mármol o del bronce, ella en la tela y el brocado, consigue descubrir lo intrínseco.

Sus dibujos, por ejemplo, son como recorridos de un habitante acuático en un trecho de su vida, la horizontalidad de la pintura, dibujo, collage, costuras, son partes de un acuario donde, el fondo es un palimpsesto de restos, de nados contra el reducido espacio en que se van convirtiendo los mares. Todos tenemos una culpa para con la inmensidad del mar, las noticias alarman. Mariela sabe que graficar un escualo en una pecera es asfixiarlo, como en los garabatos de un alma inocente, hay seres en ambos lados del vidrio. Como “moneras” todo se sedimenta, la sencillez de los elementos mostrando una tragedia avisada. Las fotografías de las focas aprisionadas en la estrechez de la oscuridad del fondo, el marco un cerco. En todas las imágenes la mano y mirada cándida, como un estilete quirúrgico. Mariela despierta el corazón del espectador.

El tsunami de Mariela es noble, conserva el azul furioso como una luz apacible, transparente; en ella un grupo de tortugas nadan, flotan, te invitan a entrar a esa porción de mar: sin olas, sin corrientes, solamente espíritu. Ha hecho de la furia un cubo celestial, una vasija donde el espectador se sumerge. Toda esta cordialidad para contarnos su historia: el equilibrio con la vida del mar pende de paredes transparentes como la fragilidad de un vidrio; si una noche se en brava, todo este roce amniótico estalla.

Como alguien que escribe un haiku es Mariela Leal, son sus objetos: su voz y su contextura. La pulsión marítima amansada en el sonoro nombre de “Tsunami”. Nadie saldrá incólume, sobre todo mirando luego de unos pasos, que abajo del espacio Cholo Terco, el mar de Lima, comparte caricias que en otro momento pueden dejar de serlo (Pozuzo, 5 setiembre 2025).

Mariela Leal regresando a Buenos Aires (Foto: Angie Bonino).

Angie Bonino y Mariela Leal, curadora y artísta (Foto: Angie Bonino).

Mariela Leal (Foto: Roxana Artacho).

Vista de la exposición Tsunami (Foto: Roxana Artacho).