Maquinaria inútil y promesas enterradas

En los depósitos del Gobierno Regional de Huánuco descansan, sin uso y sin propósito, decenas de maquinarias adquiridas bajo grandes anuncios de transformación vial. Lo que alguna vez se presentó como una ambiciosa promesa de desarrollo regional hoy se ha convertido en un símbolo del abandono: equipos pesados inoperativos, oxidándose en medio de la indiferencia y del olvido institucional.


Lejos de impulsar la conectividad rural, estas máquinas no han sido puestas al servicio de los campesinos ni de las comunidades altoandinas que esperan, desde hace años, carreteras transitables para sacar sus productos. Según lo denunciado por el decano del Colegio de Abogados de Huánuco, Hernán Cajusón, incluso se estaría evaluando alquilar estas unidades a terceros, pese a su inoperatividad, lo cual podría configurar un presunto caso de peculado.


En el campo, la población ha renombrado estas rutas como “carreteras de la muerte”. La razón no es retórica: los accidentes se multiplican por falta de mantenimiento y por el estado deplorable de muchas vías, como la ruta Huánuco–Tingo María, donde recientemente un camión volquete cayó a un abismo, cobrando dos vidas.


Mientras tanto, el gobernador Antonio Pulgar continúa acumulando viajes internacionales, con argumentos ambientales que, si bien importantes, resultan desconectados de la urgencia regional. La anunciada “cadena vial” que uniría la región no ha sido ejecutada, y las obras más emblemáticas permanecen paralizadas. Los pobladores, en tanto, miran pasar el tiempo entre polvo y promesas rotas.


El caso no es aislado. La Dirección Regional de Transportes ha admitido su falta de presupuesto para operar estas máquinas y ha planteado la alternativa del alquiler como una medida desesperada para obtener ingresos, tal como lo reveló el consejero Olchese Tarazona. No obstante, entregar equipos públicos inservibles para fines privados, sin transparencia ni condiciones técnicas mínimas, podría derivar en responsabilidades penales.


Las obras emblemáticas de la supuesta revolución vial no solo están inacabadas: muchas ni siquiera han empezado. Mientras tanto, gran parte del personal técnico involucrado en estas gestiones continúa en sus puestos, pese a los pobres resultados.


El gobernador tiene aún un año por delante. El tiempo no ha terminado, pero las oportunidades sí empiezan a agotarse. Si no se revierte el rumbo, esta gestión pasará a la historia no por lo que construyó, sino por lo que abandonó.