Que mala leche tenemos los peruanos, es un decir popular para calificar la mala suerte, que en medio de tanta corrupción, de escándalos políticos de nunca acabar, de robos en los municipios, de gobernadores denunciados y liberados, y para colmo, el mismísimo contralor Alarcón, descubierto en negocios millonarios estando impedido por ley, cuando debe ser el funcionario más probo y honesto para ocupar dicho cargo, hoy en manos de una comisión del Congreso, que dicho sea de paso es la institución con menor imagen y aceptación de la colectividad.
El gran escándalo que se destapó esta semana es la estafa del Grupo Gloria, una de las más grandes lecheras de Sudamérica, por la publicidad engañosa y porque sus productos no contienen los ingredientes consignados en sus envases, que supuestamente con solo tres vasitos de leche, se tendría una niñez sana, fuerte como promociona en sus campañas millonarias que convencen a nuestra generosa población que los consume masivamente.
El cinismo del gerente Robert Priday, llega al extremo de manifestar que el Perú sabrá disculpar del masivo fraude del Grupo Gloria, que a pesar de ofreció su retiro de los mercados, de las bodegas y grandes centros comerciales, más se preocupaba de las pérdidas para la empresa el retiro de sus productos que el daño que le están causando a sus consumidores.
La población no es tan ignorante para seguir consumiendo productos nocivos para la salud y pensamos que así como se están retirando los lácteos de los centros comerciales, también se debería suspender la comercialización de todos los productos Gloria, por lo menos hasta que se compruebe que no son nocivos para la salud.
La mejor forma de darles salud a nuestros hijos es que consuman nuestros productos naturales, la leche de nuestras vacas, la fruta, verduras, tubérculos y demás, producidos de manera natural que la naturaleza y el Divino Creador nos prodiga en esta región.



