En una reciente conferencia de prensa, el autoproclamado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, intensificó sus ataques contra los líderes opositores, María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, a quienes acusó de tener “las manos manchadas de sangre” y exigió que enfrenten la justicia. Maduro aseguró que estos líderes nunca alcanzarán el poder y deben ser encarcelados por incitar a la violencia durante las recientes protestas que dejaron 16 muertos.
Maduro calificó a González de “cobarde” y a Machado de “fascista de ultraderecha criminal”, criticando su participación en lo que él describe como una conspiración contra las elecciones. Estas declaraciones siguen a la proclamación de su victoria en unas elecciones marcadas por denuncias de fraude y manipulación electoral, que han sido ampliamente cuestionadas tanto a nivel nacional como internacional.
El líder chavista también solicitó al Tribunal Supremo de Justicia un peritaje de los resultados electorales en un intento por validar su mandato, mientras observadores internacionales como el Centro Carter han señalado que el proceso electoral no cumplió con los estándares de integridad democrática.
Esta tensa situación sigue generando reacciones globales, con llamados desde la comunidad internacional, incluyendo el G7 y líderes regionales, para un recuento transparente de votos y el cese de la represión.




