La asunción de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia pro tempore del Mercosur marca un momento crucial para la integración regional y la reafirmación del liderazgo brasileño en el contexto global. Este bloque, históricamente un pilar para el desarrollo económico y la cooperación política en Sudamérica, enfrenta desafíos internos y externos que ponen a prueba su viabilidad y relevancia en un mundo cada vez más polarizado. El mandato de Lula se presenta como una oportunidad para revitalizar el Mercosur y reposicionarlo como un actor clave en el escenario internacional.
Según la investigación publicada por Gestión, este es el sexto período en que Lula da Silva asume esta responsabilidad dentro del bloque fundado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, al que Bolivia se unió como miembro pleno el año pasado.
Desde sus anteriores mandatos (2003-2010) y su regreso al poder en 2023, Lula ha sido un firme defensor del Mercosur como un eje central para la integración sudamericana. Sin embargo, esta visión ha sido objeto de debate y cuestionamiento por parte de los diferentes gobiernos de los países miembros. Durante la reciente cumbre de jefes de Estado en Buenos Aires, Lula instó a sus homólogos a superar las frustraciones y el desencanto, comprometiéndose a trabajar intensamente en los próximos seis meses para fortalecer el bloque.
Uno de los principales desafíos que enfrenta Lula es gestionar las divergencias ideológicas con el presidente argentino, Javier Milei, sin que esto afecte las relaciones bilaterales ni el funcionamiento del Mercosur. A pesar de haber moderado sus amenazas de retirar a Argentina del bloque, Milei mantiene su enfoque en Estados Unidos e Israel como sus principales aliados en política exterior. Esta situación exige una diplomacia hábil por parte de Lula para mantener la cohesión y avanzar en los objetivos comunes.
En este sentido, Lisandro Mogliati, experto en comercio exterior, subraya la importancia de que Lula impulse un proceso de integración que recupere el espíritu suramericano y latinoamericano que dio origen al Mercosur. Para lograrlo, será fundamental ampliar el acceso a nuevos mercados a través de acuerdos comerciales, como el ambicioso tratado con la Unión Europea (UE). Este acuerdo no solo representaría beneficios económicos, sino también un mensaje de unidad y cooperación en un contexto global marcado por la incertidumbre y el proteccionismo.
El acuerdo Mercosur-UE, que alcanzó un acuerdo político a finales de 2024, se presenta como una prioridad para la presidencia pro tempore de Lula. La concreción de este acuerdo, que requiere la presentación del texto jurídico definitivo, su traducción y la ratificación parlamentaria por cada país de la UE, podría convertirse en la “piedra angular” de su gestión, según Florencia Rubiolo, experta en relaciones internacionales. La firma de un acuerdo de tal magnitud entre dos bloques importantes en medio de un panorama comercial global convulso, representaría una victoria del multilateralismo y un impulso para la integración regional.
Además de la agenda comercial, Lula buscará fortalecer el papel del Mercosur como un defensor del multilateralismo en un contexto global de retroceso y resquebrajamiento de este enfoque. La próxima cumbre del grupo BRICS en Río de Janeiro y la organización de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 30) en Brasil en noviembre son oportunidades para reafirmar el liderazgo brasileño y promover la cooperación internacional en temas clave como el desarrollo sostenible y la lucha contra el cambio climático.




