
Por Israel Tolentino
Alguna vez le dije a Luis Torres (Huachipa, 1984): “puedes dejar esta vocación y mandarte mudar al extremo del orbe, mismo Arthur Rimbaud”. El mundo del arte es uno de los más complejos y extraños de predecir; sin embargo, a veces uno cuando está frente a una obra, no puede sino respirar y decirse para sus adentros: “sí que la planteó bien…, es un capo”, con la obra de Lucho Torres, el encuentro fue así: él exponía en la Alianza francesa de Lima una individual extrañamente alucinante, obras que decían que estabas frente a ese caso excepcional que te da el mundo en cada muerte de un obispo. El tiempo me dio la razón, ganó varios premios importantes nacionales, residencias en Argentina, Francia y Bélgica y la Medalla de Oro en la XVII Bienal Internacional de Grabado Contemporáneo del Museo de Bellas Artes ROC de Taiwán (2016). Es difícil afirmar hoy que en los próximos 10 años algún artista nacional logre obtener ese premio, esperemos que sí. Conocer la obra de Lucho Torres me recordó lo que una vez dijo un crítico argentino en la Bienal de Lima, a la pregunta: ¿qué es una obra de arte? Él respondió, “no sé, pero cuando estoy frente a ella me doy cuenta de que es una obra de arte”. Tuve la fortuna de participar en alguna exposición junto con obra de Lucho y en esos encuentros con charlas kilométricas se fue sembrando un vínculo que perdura hasta hoy.
En alguna visita, me contó que su mamá era huanuqueña, esa raíz con la región fue como un rayo intempestivo de luz que le dio otro color a la amistad. Visita Huánuco por segunda vez, hemos logrado ubicar el lugar de nacimiento de su mamá y conocer familiares suyos, sobre todo hacerle sentir que por acá tiene una parte muy importante de su historia. En estos viajes, junto con nuestro amigo Antonio Paucar, hemos puesto en funcionamiento este precioso sueño llamado “Residencia Laboratorio gráfico FhE”, donde Luis y Antonio son los pilares y yo el dintel. El proyecto tiene como objetivo en convertir esta tierra en un semillero de una nueva voz en las artes plásticas y visuales nacionales.
Hemos tenido un gran amigo en común, quien tanto como yo, admiraba la obra de Luis, me refiero a don Pablo Macera, de esa amistad queda una borrosa fotografía de la única vez que los tres coincidimos, nos despedimos pensando que luego habría otro momento para charlar y tomarnos las fotos respectivas. En víspera de la pandemia don Pablo partió, dejándonos como símbolo de esa amistad el libro “Santero y caminante” y la sala de exposiciones del Colegio Real. Recuerdo que con Lucho tenemos en común una ligazón con el pasado, en la mirada hacia las huacas y la arqueología, los pueblos y la arena, la cerámica y las yerbas que crecen a los lados de los caminos, la poesía y los libros con su peso en las manos, el grabado, sobre todo en la técnica de la xilografía, el libro de artista, los talleres pedagógicos y creer que en los rincones olvidados de la patria se pueden despertar espíritus jóvenes para el arte. Con don Pablo Macera coincidimos en ubicar una línea gráfica del país de la manera siguiente: Felipe Huamán Poma, José Sabogal y Luis Torres.
Debo agradecer a Luis, por Felipe Ehrenberg y ese bíblico libro “Manchuria”, por Melquiades Herrera y “Olinka” la ciudad ideal del Dr. Atl, por Robert Hughes y esa maravillosa serie: “el impacto de lo nuevo”, por César Ramos a decir del propio Luis: “enseñarme a sumar y mirar el hogar como reducto de emociones creativas”, por el proyecto Repositorio del dibujo de Rudolph Castro, dedicado a recolectar y exhibir dibujos junto con breves reflexiones. Agradecerle por la nueva dimensión de la gráfica y el ser artista, el aprovechamiento de los materiales del lugar donde se llega, de darle la vuelta a la precariedad y hacer un puño capaz de derribarte de un solo golpe. Luis Torres es el artista que ha abierto una enorme puerta para el arte peruano contemporáneo, salido de las canteras de Bellas Artes.
En un lugar lejano la guerra nos quiebra, sirva tu obra para apaciguar esta desazón, muchas veces nosotros, no dejamos ver lo esencial que, en términos del principito, es invisible a los ojos. Gracias, querido Luis por la grandeza de tu sencillez. Amarilis, marzo 2022.





