El asedio de los molestos mosquitos en Huánuco ha alcanzado niveles alarmantes. Este año, su proliferación parece haberse intensificado, afectando no solo las áreas al aire libre sino también invadiendo nuestros hogares.
En años anteriores, logramos mitigar este problema mediante un esfuerzo comunitario que involucró a universidades locales, municipalidades y la ciudadanía en general. Ahora más que nunca, necesitamos retomar esta colaboración efectiva, especialmente dado que los mosquitos no son solo una molestia sino también vectores de enfermedades graves.
La preocupación aumenta en esta temparada, cuando las riveras de los ríos Higueras y Huallaga se convierten en criaderos perfectos para estos insectos. Las fumigaciones, a pesar de ser una solución rápida, han demostrado ser inefectivas y perjudiciales para el medio ambiente. Ya contamos con el generoso ofrecimiento de la Universidad Hermilio Valdizán, cuyos profesores y alumnos se han comprometido a formar “un ejército” para combatir este flagelo.
Es esencial que las autoridades municipales de Amarilis, Pilcomarca y Huánuco, junto con otros actores clave, orquesten un plan estratégico para esta lucha. La limpieza de las riberas de los ríos ha demostrado ser una estrategia efectiva, ya que elimina el hábitat donde se reproducen estos mosquitos. Los esfuerzos de años anteriores involucraron a estudiantes universitarios y residentes locales, logrando resultados significativos. No podemos permitirnos la inacción o depender de soluciones que contaminan nuestro entorno y ponen en riesgo la salud pública.
Los riesgos son claros: además del malestar general, los mosquitos son portadores potenciales de enfermedades como el dengue. No podemos permitir que la situación escale a un punto donde nuestra salud esté en grave peligro. La fecha del 4 de septiembre ha sido identificada para una intervención colectiva. Hasta entonces, la planificación y coordinación son cruciales. De igual manera, urge aprender de la experiencia acumulada para no repetir los errores del pasado.
El camino a seguir es evidente. Requiere del compromiso de las instituciones y de cada ciudadano. Este no es un problema que se pueda solucionar en silos; es un desafío que nos afecta a todos y que requiere una respuesta unificada. La experiencia nos ha demostrado que la unión hace la fuerza. No podemos, ni debemos, esperar estilo “Pedro Castillo” a equivocarnos para aprender de nuestras consecuencias.




