Los recortes al C.D.C. ponen en riesgo la salud nacional según las críticas.

Una profunda reestructuración en el Departamento de Salud y Servicios Humanos (H.H.S.) ha provocado el despido masivo de trabajadores federales de la salud, impactando significativamente en el alcance y la capacidad operativa de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (C.D.C.). Esta medida, que reduce la plantilla del C.D.C. en aproximadamente un 18%, representa un duro golpe para la principal agencia de salud pública a nivel mundial, y se alinea con las críticas conservadoras sobre su gestión de la pandemia de Covid-19, especialmente en lo referido a las políticas de confinamiento y vacunación. Se estima que la pandemia de Covid-19 ha costado a la economía global cerca de 12.5 trillones de dólares, lo que ha intensificado el escrutinio sobre las agencias de salud pública.

Según la investigación publicada por The New York Times, la reorganización del H.H.S. implica la eliminación de alrededor de 2,400 puestos de trabajo en el C.D.C., además de la supresión de algunas de sus funciones esenciales, lo que generó fuertes críticas desde el ala demócrata del Congreso.

La Senadora Patty Murray, miembro del comité de salud del Senado, calificó la reestructuración como «flagrantemente ilegal», argumentando que la magnitud de los cambios requiere la aprobación del Congreso. Murray expresó su preocupación por la falta de transparencia de la administración Trump con respecto a las unidades específicas afectadas por los recortes, y denunció que esta acción «pone en riesgo la salud y el bienestar de los estadounidenses». La senadora recordó que la legislación que creó el Departamento de Salud exige la aprobación del congreso para reestructuraciones de esta magnitud.

Si bien el Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., declaró la semana pasada que los despidos se centrarían principalmente en funciones administrativas, la información recabada por The New York Times sugiere un panorama diferente. De acuerdo con múltiples testimonios de trabajadores, los despidos afectaron a científicos dedicados a áreas cruciales como salud ambiental, asma, lesiones, envenenamiento por plomo, tabaquismo y cambio climático. Este alcance más amplio de los despidos genera serias dudas sobre el futuro de las iniciativas de salud pública enfocadas en estos problemas críticos.

Es importante recordar que el C.D.C. ha sido fundamental en la respuesta a emergencias de salud pública a nivel global, desde la erradicación de la viruela hasta la contención de brotes de Ébola. La reducción de su personal y funciones podría debilitar su capacidad para responder eficazmente a futuras crisis sanitarias, con consecuencias potencialmente devastadoras. La historia del C.D.C. muestra su capacidad de adaptación y respuesta a desafíos globales, lo que hace aún más preocupante la actual reestructuración.

La controversia en torno a esta reestructuración plantea interrogantes sobre las prioridades del gobierno en materia de salud pública y su visión del papel del C.D.C. en la protección de la salud de la población. El debate continúa abierto, con implicaciones significativas para el futuro de la salud pública en Estados Unidos y a nivel mundial. El impacto a largo plazo de estos recortes aún está por verse, pero la preocupación es palpable entre los expertos y defensores de la salud pública.