Nuestra ignorancia hizo que, en pleno siglo XXI, sigamos pensando en la existencia de estos personajes de ficción, llegando al colmo que toda una población haya estado dispuesta a quemar viva a una indefensa e inocente mujer, acusándola de ‘pishtaco’.
Raquel Rubina Rodríguez, quien trabaja para el INEI, estaba encuestando en la zona. Era su tercer día realizando labores, cuando unos poblares comenzaron a sospechar de su presencia, y, a pesar de que ella portaba la indumentaria del INEI y, mostrara su carné, los lugareños la sindicaron de ‘pishtaco’, un monstruo que mata para extraer los órganos y la grasa de sus víctimas.
Hace ocho años, debido a esta creencia, un grupo de pobladores quitó la vida a dos inocentes profesores en Pillao. Algunos de estos purgan hoy condena y otros siguen fugados.
Es evidente, que los profesores y las autoridades de zonas rurales no están cumpliendo con su rol educador y, por eso, nuestra escasa educación. Hasta el alcalde de Amarilis, irresponsablemente lanzo una falsa alerta en su Facebook declarando en emergencia a su distrito por la desaparición de niños y jóvenes, por supuestos ‘pishtacos’. ¿De dónde sacó esta versión, Robinson?, ¿Cómo podemos llegar a ser tan irresponsables si no existe ningún reporte formal al respecto?
Este ‘chisme’ se habría iniciado por una página de Facebook, donde el o los autores, aprovechándose del anonimato, no tuvieron reparo en publicar cualquier tipo de información, aun cuando esta no sea cierta, como es el caso de los ‘pishtacos’. Esta creencia popular ya se ha salido de control y las autoridades tienen que tomar cartas en el asunto. A castigar a los responsables.



