Décadas atrás, cuando las calles de la ciudad no estaban ocupadas de humo, había un carro popular que llevaba de todo, desde personas, animales y frutas
Este artículo fue tomado de una publicación realizada por la señora Merle Caballero Córdoba.
Los ‘mixtos’ eran camiones de servicio interprovincial que fueron la movilidad originaria y pionera de la región Huánuco.
Esos vehículos se mantuvieron vigentes entre las décadas cincuenta y ochenta. Fueron construidos artesanalmente sobre el chasis normal de un camión Ford, Chevrolet o Dodge. Consiste en varios espacios delimitados: uno diseñado para pasajeros, con asientos de tablas y ventanillas sin lunas; otro destinado para la carga pesada, incluido animales; y la ‘canastilla’ para transportar productos frágiles o perecibles, donde también se acomodaban algunos pasajeros.
En resumen, el ‘Mixto’ era un camión ‘Made in Huánuco’, acondicionado para personas, animales y carga (por eso su denominación). Sus itinerarios variaban de acuerdo a la zona de su destino. Por las carreteras muy pesadas, abrumadas de abismos, curvas estrechas hacia la sierra de Dos de Mayo, Huamalíes y Pachitea; a la cálida selva por los lodazales invernales o ‘chimbando’ ríos caudalosos hacia Tingo María, Aucayacu y Monzón.
Asimismo, en algunas ocasiones hasta la lejana Pucallpa. También era el único vehículo para viajar a Cerro de Pasco y muy pocas veces hasta Lima y Huancayo, durante casi un día de recorrido.
Recordamos con nostalgia que esos clásicos ‘Mixtos’ tenían nombres llamativos, regionalistas y sugestivos que hablaban por sí solos de la naturaleza épica del viaje que eran protagonistas: “Romancero”, Legionario”, Valiente”, “Solterito”, “León de Huánuco”, “Chúcaro”, “Panameño”, “Auquish”, “Mensajero”, “Audaz del Marañón”, “Luchador de la Selva”, “Cisne”, “Llatino”, “Huracán”, “Osito”, “Rayo”, “Amauta”, “Provinciano”, “Ñato”, “Ronco”, “Mariasino”, “Misho”, “Bella”, “Picaflor”, “Huancán”, “Travieso”, “Forastero”, “Cangurito”, “Gorrioncito”, “Expreso Wilder”, “Amante”, “Pirata”, “Pomarino”, “Samuelito”, “Corsario”, “Zorzalito”, “Rey David”, “Yarupajá”, “Nene”, “Chachita”, “Vasco”, “Lobito Feroz”, “Tiulino”, “Canario”, “Amo de la Selva”, “Perlita de Lauricocha”, “El Chabalito”, “Julia Cano”, etc.
Asimismo, cuando nos referimos a los choferes de los mixtos, resaltamos que estos tenían la singular capacidad de ser unos conductores intrépidos, conocedores idóneos de las carreteras escabrosas de ese entonces, añadiéndole, a la vez, su experiencia y el conocimiento infinito de la mecánica automotriz.
También estos personajes eran asiduos a la galantería o el mujerío en cada pueblo, donde recalaban sus travesías.
Los huanuqueños de antaño deben recordar a muchos de ellos, entre los cuales está el ‘Shucuy’ Pedro, un piloto ‘hecho a sí mismo’, que se distinguía por su puntualidad cronométrica, su osadía al conducir o cuando se agarraba a golpes, por ser un recadero confiable, pero también contrastaba por ser desalmado por su intemperancia y las groserías dedicadas a grueso calibre.
Otros choferes recordados son: Felipe Sánchez, los hermanos Cisneros, señor Herrera, Nicacho García, los Acosta, Pedro Paz, Pablo Albornoz, Germán Horna, Reyz Picón, los hermanos Abats, Ever Céspedes, César Calderón, señor Richard, la familia Carnero, Alfredo Deza, señor Silva, Vitin Rivera, Augusto Estela, Francisco Miraval, los hermanos Montero, Daniel Vargas, Fenner Hilario, Lucho Olórtegui, Guzmán Aquino, Mangacho Salcedo, Samuel Valdivia, Carlos “El Hocicón”, Wilson García, Simón Calero, Manuel Castañeda, Gaudencio Criollo Rojas, familia Arriaga, Urbano Díaz, Luis Barrueta, Febrino Credo.
Esta herencia histórica del Huánuco del ayer, en la actualidad, lamentablemente está en proceso de extinción. Con el impulso de la modernidad y el mejoramiento de las carreteras, poco a poco estas unidades de transporte han sido desplazados o casi exterminados, pero como todo legado material debemos intentar conservarlo brindando sugerencias y acciones para rescatar del olvido y mostrarlo como una evidencia cultural para las futuras generaciones.
Por otro lado, el director del Diario Ahora, Julio Trujillo Pazos, agrega lo siguiente.
Para viajar a Panao, se utilizaban estos carros “Mixtos”, donde los pasajeros viajaban junto con las cargas.
Lógicamente que estas experiencias no eran muy agradables, por así decirlo. Se nos viene a la memoria cuando don Aquicho Minaya, junto a los sacos de papa, cargaba también chanchos y los pasajeros obviamente tenían que acomodarse como podían. En pleno trayecto, a los cerdos les daba soroche y luego terminaban ensuciando todo el vehículo, pero lo peor de todo, era el fétido olor que acompañaba a esos residuos que convertían a los viajes en toda una “experiencia…”
Sin temor a equivocarnos, uno de los primeros empresarios en comprar un carro “Mixto” e incursionar en el servicio de transporte, fue don Juan Figueroa, más conocido como “Juanillo”, y cuyo vehículo era conducido por el señor Zapata.
Posteriormente, los hermanos Ñuco y Aquícho Minaya aprendieron a conducir el vehículo, sin embargo, éste último, era el más recordado por su carisma y actitud servicial que demostraba al ofrecer el servicio en la ruta Panao, Chaglla, Huánuco.
A ellos, debemos sumarle al muy inquieto Chichaco Quijano y a don Dalcir, quienes eran muy conocidos por sus palomilladas.
En tiempos de carnavales, estos vehículos se adornaban con cintas, serpentinas, globos y perfumes, en la parte superior o canastilla se le acomodaba a la reina, mientras que en la parte interna se encontraban los familiares y amigos.
Para estas fechas, en Huánuco, aparecían entre 8 a 10 carros “alegóricos”, todos con su banda de músicos y representando a un barrio determinado.
En carnavales, siempre se jugaba con agua, sin embargo, debido al abuso de mirones que arrojaban agua sucia a los carros alegóricos, se paralizó las famosas entradas carnavalescas que se daban por los principales jirones de la ciudad de Huánuco. Lamentablemente, no había forma de evitar o controlar estos actos.
Hoy estamos volviendo a revivir a los carnavales y esperamos que el “Jala Jala” sea el inicio de la recuperación de estos tradicionales y alegres carnavales, donde todos celebraban, rico y pobre, todos se confundían en el abrazo, sonrisa y en un vaso de cerveza.




