Los misterios del día a día del Papa León XIV durante su estancia en Chiclayo

La elección de Robert Prevost como Papa León XIV ha resonado profundamente en Chiclayo, ciudad donde desarrolló una significativa labor pastoral durante 25 años. La noticia desató una ola de emoción y recuerdos entre los chiclayanos, quienes lo recuerdan por su cercanía, humildad y compromiso con los más necesitados. Su última misa en la catedral de Santa María, aquel 9 de abril de 2023, aún evoca sentimientos encontrados en aquellos que presenciaron su partida, marcando el fin de una etapa pero sembrando la esperanza de un futuro liderazgo global.

Según el reportaje de El Comercio, Ana Loayza Tello, quien trabajó de cerca con Prevost en su labor pastoral, recuerda con emoción el momento en que se enteró de su elección como Sumo Pontífice, reviviendo las lágrimas que brotaron cuando se despidió de él en Chiclayo. Su testimonio refleja el sentir de muchos que vieron en él a un pastor comprometido y cercano al pueblo.

La designación de Robert Francis Prevost como el nuevo Papa generó una inmensa alegría en Chiclayo. El atrio de la catedral de Santa María se llenó rápidamente de personas que recordaban con cariño su tiempo en la capital de Lambayeque. Al día siguiente, el sacerdote encargado de la misa matutina expresó su agradecimiento a Dios “por haber mirado a Chiclayo y al Perú” para elegir al nuevo líder de la Iglesia Católica. Este sentimiento de orgullo local se extendió rápidamente, atrayendo a visitantes de todo el país y del extranjero, transformando el parque principal en un punto de encuentro similar a la plaza de San Pedro en Roma.

El recuerdo del Padre Prevost saludando a los transeúntes en las calles Elías Aguirre y Torres Paz sigue vivo en la memoria colectiva de Chiclayo. Syta Abanto lo describe como una persona que trascendía los formalismos, caracterizada por su amor hacia los más vulnerables y su profunda espiritualidad, atributos que le ganaron el afecto de la comunidad. Su cercanía contrastaba con la solemnidad del cargo eclesiástico, creando un vínculo auténtico con la población.

La labor pastoral y social de León XIV fue crucial durante los momentos más críticos que enfrentó el norte del Perú. Durante el devastador Fenómeno de El Niño costero de 2017, que inundó el distrito de Íllimo, el entonces obispo Prevost se involucró directamente en la ayuda a los damnificados, demostrando su compromiso con la comunidad. De igual forma, durante la pandemia de COVID-19, salió a las calles con el Santísimo Sacramento, brindando consuelo y esperanza en tiempos de incertidumbre. Además, lideró la instalación de dos plantas de oxígeno para Lambayeque, en colaboración con Cáritas, demostrando su preocupación por la salud y el bienestar de la población. Monseñor Edinson Farfán, actual obispo de Chiclayo, recuerda que Prevost solía decir: “‘Es el pueblo de Dios el que nos evangeliza con su fe y sencillez’”.

Fuera de sus funciones eclesiásticas, León XIV llevaba una vida sencilla y cercana a la gente. Se levantaba temprano, oraba en la catedral y luego se dirigía al restaurante Trébol, a pocos metros de distancia, para disfrutar de la gastronomía local. Carlos López, jefe de salón del restaurante, recuerda que su plato favorito era el Frito chiclayano, y que siempre pedía su ceviche con tortita de choclo, pero sin ají. Esta rutina diaria revelaba su conexión con la cultura y las costumbres de la región.

El Padre Fidel Purisaca, colaborador cercano de León XIV, reveló que el Papa disfrutaba jugando tenis en el Jockey Club de Chiclayo y el colegio Santa María Reina, y que era un aficionado al vals criollo, especialmente a la canción ‘Nada Soy’ de Los Kipus. Estas aficiones muestran una faceta humana y cercana, desmitificando la imagen tradicional del líder religioso. Su vida en Chiclayo era una mezcla de lo sagrado y lo cotidiano, lo que lo hacía aún más accesible y querido por la gente.

El vínculo de León XIV con la fe local también se manifestaba en su devoción por la ciudad de Eten, conocida por su Milagro Eucarístico. En 2019, recolectó 20 mil firmas para solicitar al Vaticano que Eten fuera reconocida como Ciudad Eucarística, llevando la petición al Papa Francisco. Este gesto refleja su compromiso con la promoción de la fe y la cultura local a nivel internacional. Noemí Ñiquen, habitante de Eten, recuerda con cariño que después de la misa en honor a Santa María Magdalena, el párroco invitaba al Padre Prevost a almorzar, y que él siempre pedía un café “pasadito” al finalizar la comida.