La calidad y transparencia en la administración pública son pilares fundamentales en la construcción de una sociedad justa y próspera. La reciente revelación por parte de la Contraloría General de la República de una posible compra sobre valuada de 60 medidores de agua por parte de Seda Huánuco, por un total de 65 000 soles, pone de manifiesto un desafío grave y alarmante al que la comunidad de Huánuco debe responder con urgencia.
Los medidores en cuestión, cuya calidad se ha cuestionado, son vitales para garantizar una distribución justa y eficiente del agua, un recurso esencial que, como se ha dicho a menudo, Huánuco tiene la fortuna de contar con una de las mejores del mundo. La sobrevaluación y la mala calidad de estos equipos no son meras irregularidades; son transgresiones que afectan directamente la vida y el bienestar de los ciudadanos.
Además de las preocupaciones sobre la compra en sí, el caso plantea preguntas serias sobre la administración y la supervisión. ¿Cómo pudo la empresa Data Logger competir en una licitación sin tener los recursos y medios adecuados? ¿Por qué se permitió ampliar la entrega por 60 días? Estas preguntas apuntan a posibles fallos en la gestión y supervisión, y necesitan respuestas claras y transparentes.
La gestión de Seda Huánuco, a cargo de la OTAS, ha dejado una sombra de duda sobre su competencia y ética. La insinuación de que la corrupción ha entrado en juego es profundamente perturbadora, y la aparente falta de supervisión y control sobre la calidad de la obra, como los huecos dejados sin tapas adecuadas, amplifica la preocupación. Estas deficiencias pueden representar riesgos reales y peligrosos para la seguridad de los ciudadanos.
Es imperativo que las autoridades administradoras de Justicia realicen una investigación exhaustiva sobre esta irregularidad y a tomar medidas adecuadas y justas. La confianza pública en las instituciones es frágil y debe ser cuidadosamente protegida.




