Ronny Galindo Aparcana
Promotor Cultural y Artista Gráfico
Huánuco, ciudad acogedora, diáfana, cosmopolita, tumultuosa, de clima perfecto, de dos estaciones marcadas, poseedora de un extraordinario potencial turístico, apenas dado a conocer, región de montañas andinas y planicies amazónicas, contrastes de altitudes, de costumbres, de colores y de afectos.
La ciudad capital, Huánuco, enclavada entre montañas protectoras, cual gendarmes pétreos portentosas que acunan a esta ciudad, “Los Tres Jircas” (Las Tres Montañas) moles protectoras: Marabamba, Rondos y Paucarbamba, que han sido perennizados en la inmortal obra de uno de sus hijos predilectos: Enrique López Albújar. Huánuco es una de las ciudades de enorme crecimiento poblacional, tanto así que miles de sus moradores, al faltar el espacio plano para sus viviendas, las construyeron, en abierto desafío a las leyes de la física constructiva, en las cuestas inclinadas de estos jircas protectores, creando un espectáculo ingenieril atractivo, dinámico, pero inseguro y desordenado.
Dentro de la ciudad capital, a diario se experimenta un febril e inusitado movimiento de gentes y dentro de esta vorágine nada silenciosa, existen individuos famélicos, desarropados, ignorados y hasta olvidados. Estos son los mendigos y los locos, orates o desequilibrados mentales que caminan por allí y pernoctan, quién sabe dónde. Estos ciudadanos sin DNI y sin derecho a elegir gobernantes, que parecen nunca enfermarse, pululan por las arterias citadinas, seguramente esperando el favor de personas compasivas por un plato de comida para saciar su hambre no expresado.
La mayoría de personas que se topan con estos “extraños personajes” los evitan, los ignoran, bajan de la vereda en un nada disimulado intento de no respirar sus fétidos olores o compartir sus espacios personales. Estos seres, sin afecto, no contagian sus insomnes razonamientos o sus especiales mundos internos, pero en esa ignorancia popular que los “locos” son sucios e indignos de compartir un pedacito de esta ciudad, son marginados, solo algunas almas caritativas se compadecerán de ellos y les ofrecerán, sin tocarlos, una ropa vieja o un poco de comida. Estos seres humanos, como todos nosotros, son “Los invisibles” de las ciudades, son los desposeídos que solo encuentran afecto y protección en el reconocido y querido clérigo Oswaldo Rodríguez Martínez, quien en su titánica ayuda humanitaria ha abierto su acción benéfica a los olvidados de siempre. Seamos humanos.



