LA VOZ DE LA MUJER
Denesy Palacios
14.05.24
Estamos conmemorando doscientos años de las batallas de Junín y Ayacucho que significan la consolidación de nuestra independencia del yugo español, y la constitución de la República, que surgió bajo el amparo de la elite militar, quienes tomaron el gobierno, en recompensa a su labor desplegada en estas contiendas, siendo en realidad la base del ejercito la cantidad de indígenas peruanos y hasta negros esclavos que se sumaron a estas luchas, y gracias al sacrifico de ellos se pudo consolidar la independencia del Perú y con ello la de América del sur.
En un análisis sociológico que se hace de la situación política, podemos decir que la deposición de La Mar y el encumbramiento de Gamarra tuvieron un significado sociológico muy importante.
El Congreso Constituyente de 1822 y la Junta Gubernativa nombrada por La Mar, habían representado el esfuerzo inicial de los ideólogos liberales, dominantes en el recinto parlamentario, para ir a la dirección del Perú independiente. Esta situación no duró mucho. El motín de Balconcillo y La elección de Riva-Agüero en 1823, simbolizaron la primera interferencia del ejército y del caudillaje. Luego, las necesidades de la guerra de la Emancipación impusieron a Bolívar, cuyo poder se prolongó aún después de terminada la guerra, por razones de prestigio personal, nacionalismo continental e ideología autoritaria. Surgió un oleaje popular, democrático y nacionalista peruano, que desbarató el andamiaje bolivariano y ungió, por el voto de camarillas parlamentarias, a La Mar. Fue, en cierta forma, la vuelta a 1822.
Estos episodios no aparecen como simples rivalidades personales. No olvidemos, dentro de ellas se juega el destino del país. No son contiendas económicas, entre importadores y exportadores, o entre productores y consumidores o entre clases rivales. Son contiendas geográfico-políticas, en las que sobrevive la fiebre genésica de la Emancipación, deseo inmensurable de Bolívar de crear La Gran Colombia
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La Mar, antimilitarista de alma, depuesto ya una vez por la guarnición de Lima, hubo de apelar al ejército para solventar las querellas surgidas con la Gran Colombia, en el proceso de definición de la nacionalidad peruana, constreñida antes dentro de los vastos planes del Libertador. La coraza que, en 1826, tuvo el Perú frente a la amenaza de la amputación de Tacna, Arica y Tarapacá y la separación de los departamentos del sur fue un paceño: Santa Cruz. La espada que enarboló el Perú en 1829 frente a los colombianos fue la de un cuencano: La Mar. El incumpliendo de los objetivos bélicos expansionistas trazados por La Mar, en relación con la frontera norte, debía conducir lógicamente a su desprestigio.
No cabía, por cierto, la conquista del Perú con la Gran Colombia. Antes bien, lo que se produjo como secuela de la guerra de 1829 fue el statu quo en la frontera entre estos dos países. Tampoco era concebible una restauración del bolivarismo dentro de la vida peruana, y como es de conocimiento el gobierno de la primera República es tomado por el caudillismo militar y desde entonces venimos arrastrando que son ellos los que deben tomar el poder cuando surge una conflictividad, que mas que velar por los intereses y demandas del pueblo, ven menoscabar su economía y prestigio político, por la injerencia en el gobierno; la nobleza peruana empobrecida no tuvo una respuesta para asumir el control del poder político a través del gobierno y desde allí venimos arrastrando que no tenemos una auténtica clase política que vele por el desarrollo del Perú, ni luche por el bienestar del pueblo peruano.
En estos momentos vivimos retrocesos de lo que habíamos ganado en la consolidación de la institucionalidad y la democracia, prueba de ello es que el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables rechaza la eliminación de la alternancia en la fórmula presidencial y la eliminación de la paridad horizontal en la elección de gobernadoras/es, vicegobernadoras/es regionales y en las fórmulas de los concejos regionales y municipales, lo que representa un grave retroceso en el ejercicio de los derechos políticos de las mujeres.
Recordamos que la Paridad Horizontal no solo garantizaba que el 50 % de mujeres y el 50 % de hombres participaran en las listas de candidaturas, también permitía que las mujeres encabecen las listas, dándoles mayores oportunidades de resultar electas. Es decir, las modificaciones que se están haciendo en este momento a la Constitución y normas afectan a la población y la participación genuina en un estado democrático, la reelección es uno de los problemas más grandes que vamos a enfrentar y que peligrosamente nos ponen en la situación de continuar con mas de lo mismo, sin un atisbo de esperanza para revertir la situación crítica que vivimos.. Por otra parte estamos viendo que SUNEDU elimina direcciones de supervisión, fiscalización y licenciamiento de su ROF pese a observaciones de PC Bueno ni que hablar de la pobreza que se ha incrementado en estos dos últimos años, la desocupación y el desempleo, por lo tanto no hay capacidad adquisitiva por la mayoría de la población; sin embargo la corrupción , al extorsión, el sicariato y la inseguridad ciudadana si han crecido en forma abrumadora




