La proliferación de lanzamientos espaciales ha generado una creciente preocupación sobre la contaminación acústica. Si bien en el pasado los despegues de cohetes eran eventos esporádicos, la intensa actividad actual, liderada por empresas como SpaceX y Blue Origin, ha incrementado la frecuencia y la intensidad del ruido, afectando a las comunidades cercanas a las bases de lanzamiento.
Según la investigación publicada por The New York Times, este aumento de la actividad espacial no solo implica el estruendo de los cohetes al ascender, sino también los estampidos sónicos producidos por los propulsores que regresan a la Tierra. Estos ruidos perturban la tranquilidad, sacuden estructuras y alteran el descanso de las personas.
El estudio destaca la complejidad de la propagación de estas ondas sonoras, influenciada por factores como el viento, la atmósfera y la topografía del terreno. Las regulaciones existentes, diseñadas para aeropuertos y eventos musicales, resultan insuficientes para abordar la singularidad de este tipo de contaminación acústica. Kent Gee, profesor de física y astronomía de la Universidad Brigham Young, subraya la necesidad de comprender mejor el impacto de estos ruidos en la población y establecer límites aceptables.
La investigación de Gee y su equipo se ha centrado en los cohetes Falcon 9 de SpaceX, debido a su alta frecuencia de lanzamiento. Han descubierto, por ejemplo, que los propulsores generan un inusual estampido sónico de tres partes (“boom buh-boom”) al regresar a la Tierra. Además, han constatado que las condiciones meteorológicas y la topografía local influyen significativamente en la intensidad y la dirección del ruido. En California, las características del terreno alrededor de la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg amplifican el sonido en ciertas áreas.
Las pruebas del Starship, el cohete más grande jamás construido por SpaceX, intensifican aún más el problema. Elon Musk planea lanzar regularmente este vehículo desde Texas y Florida, lo que podría exacerbar la contaminación acústica en estas regiones. La ciudad de Cabo Cañaveral, anticipándose a estos lanzamientos, ha contratado a científicos para monitorizar los niveles de sonido, las vibraciones y la calidad del aire, estableciendo una línea base para evaluar el impacto del Starship.
El análisis de los datos recopilados durante los vuelos de prueba del Starship revela que su impacto sonoro es considerablemente mayor que el del Falcon 9. De hecho, genera once veces más energía acústica. Los investigadores también han desmentido ciertos mitos sobre los ruidos producidos por el Saturno V, el cohete que llevó a los astronautas a la Luna. Si bien sus vibraciones fueron intensas, no fueron suficientes para derretir el hormigón o incendiar la hierba.
En conclusión, la creciente actividad espacial plantea un desafío en términos de contaminación acústica. Los investigadores insisten en la necesidad de recopilar datos y establecer regulaciones adecuadas antes de que el problema se agrave. El objetivo no es detener los lanzamientos, sino minimizar su impacto en las comunidades cercanas. La colaboración entre científicos, empresas espaciales y autoridades es fundamental para encontrar soluciones que permitan un desarrollo espacial sostenible y respetuoso con el medio ambiente.




