Los datos del índice de precios al consumo muestran una inflación persistente antes del aumento de la guerra comercial de Trump.

La inflación, un tema que ha mantenido en vilo a los consumidores estadounidenses, experimentó un revés en febrero, echando por tierra las esperanzas de alivio que se vislumbraban en el horizonte. Los datos más recientes revelan un fortalecimiento de las presiones subyacentes sobre los precios, incluso antes de que se sintieran los efectos más agudos de la intensificación de la guerra comercial impulsada por el entonces Presidente Trump. Este panorama económico plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento y el poder adquisitivo de los ciudadanos.

Según la investigación publicada por The New York Times, el índice de precios de gastos de consumo personal (PCE), excluyendo los volátiles rubros de alimentos y energía, experimentó un incremento del 2,8 por ciento en febrero en comparación con el año anterior, superando el ritmo anual de enero, según informó el Departamento de Comercio. Mensualmente, estos precios “básicos” registraron un aumento adicional del 0,4 por ciento, también superior al incremento mensual observado en enero.

El aumento, que superó las expectativas de los economistas, se atribuye a un incremento en los precios de los artículos de uso cotidiano, lo que sugiere que los aranceles impuestos por la administración Trump están comenzando a tener un impacto más significativo. Hasta hace un par de meses, los precios de los bienes se mantenían consistentemente estables o incluso mostraban descensos ocasionales, lo que contribuía a moderar la inflación. Este cambio de tendencia genera preocupación sobre el encarecimiento de la vida para las familias trabajadoras.

Paralelamente, en enero, la inflación subyacente de los servicios aumentó un 0,36 por ciento. La inflación general se situó en el 2,5 por ciento, un nivel que supera con creces el objetivo del 2 por ciento establecido por la Reserva Federal y que se ha mantenido relativamente constante desde noviembre. Este persistente nivel de inflación añade presión sobre la Reserva Federal para que ajuste su política monetaria.

El gasto del consumidor durante el mes aumentó un 0,4 por ciento, revirtiendo una disminución observada en enero, pero quedando por debajo de las previsiones de los economistas. Ajustado por inflación, el gasto aumentó solo un 0,1 por ciento. Además, los estadounidenses aumentaron la cantidad de dinero que están ahorrando, con una tasa de ahorro personal que se elevó al 4,6 por ciento. Este incremento en el ahorro podría ser una señal de cautela ante la incertidumbre económica.

“Muestra algunos signos preliminares de presiones estanflacionarias”, afirmó Gennadiy Goldberg, jefe de estrategia de tasas de interés de EE. UU. en TD Securities. “Esto refuerza la narrativa de que el crecimiento puede estar volviéndose un poco más lento, incluso cuando la inflación está comenzando a mostrar algunos signos de repunte antes de que realmente sintamos el impacto de las interrupciones comerciales”. La estanflación, una combinación de crecimiento económico lento e inflación alta, es un escenario particularmente preocupante para los economistas.

Contextualmente, es importante recordar que el gobierno de Trump implementó una serie de aranceles a las importaciones de acero y aluminio en 2018, seguidos de aranceles a una amplia gama de productos chinos. La Reserva Federal, en respuesta a las presiones inflacionarias, había estado elevando gradualmente las tasas de interés desde 2015. Además, el mercado laboral estadounidense se mantenía relativamente sólido en ese momento, con una tasa de desempleo cercana a mínimos históricos.