La movilidad urbana en Lima enfrenta un desafío crítico con el Metropolitano, un sistema de transporte masivo que, a pesar de su importancia, se ve afectado por la obsolescencia de su flota y la demora en la expansión de su infraestructura. Los usuarios se enfrentan diariamente a largas esperas y condiciones de hacinamiento en buses que superan su vida útil, generando preocupación por la seguridad y la calidad del servicio. Este problema se agudiza por la indefinición del contrato de concesión y las disputas legales entre el Estado y los operadores.
Según la investigación publicada por El Comercio, la situación del Metropolitano es crítica, marcada por buses que operan en condiciones precarias y la incertidumbre sobre la renovación de la flota.
Uno de los principales problemas radica en la antigüedad de los buses, muchos de los cuales ya han cumplido su ciclo de vida útil de 12 años. Esta situación ha generado constantes varaduras e incluso incendios de unidades debido a fallas técnicas, poniendo en riesgo la seguridad de los pasajeros. Adicionalmente, el contrato de concesión, que data del 2010, nunca se ha activado completamente debido a la falta de culminación del tramo norte del corredor, desde la estación Naranjal hasta Chimpu Ocllo. Esta situación de «preoperación» ha derivado en arbitrajes por parte de los operadores, quienes argumentan pérdidas económicas debido al no funcionamiento total del sistema.
Ante este panorama, la Autoridad de Transporte Urbano (ATU) ha anunciado planes para renovar la flota de buses. El presidente de la ATU, David Hernández, ha manifestado su intención de negociar con los concesionarios para concretar la adquisición de nuevas unidades. Se plantea la incorporación de 78 buses articulados a partir del segundo semestre de 2025, gracias a un acuerdo entre Lima Bus Internacional, Scania y Modasa. Estos nuevos buses contarían con aire acondicionado, purificadores de aire, puertos USB para carga de dispositivos y sistemas de seguridad mejorados.
Además de la renovación con buses a gas natural vehicular (GNV), la ATU también está explorando la adquisición de 150 buses eléctricos con financiamiento del Banco Mundial. Esta iniciativa, que requeriría la firma de adendas con los operadores y la cancelación de deudas pendientes, busca modernizar la flota y reducir las emisiones contaminantes. No obstante, la propuesta ha generado controversia, con voces críticas que cuestionan la viabilidad de que el Estado facilite la compra de buses eléctricos a los operadores.
Expertos en transporte, como Luis Quispe Candia de la ONG Luz Ámbar, sugieren que la solución pasa por implementar un sistema integrado de transporte a través de una asociación público-privada, en lugar de continuar con un modelo privado que, según su opinión, no ha dado los resultados esperados. José Aguilar, expresidente ejecutivo de ATU, coincide en la necesidad de renovar la flota y destaca la importancia de alcanzar un umbral de pasajeros que justifique el aumento del número de buses en el corredor segregado.
La historia del Metropolitano se remonta a inicios de los años 2000, cuando la Asociación de Empresas de Transporte Urbano del Perú (Asetup) impulsó la creación de un sistema de transporte masivo en Lima. El proyecto, inspirado en el Transmilenio de Bogotá y financiado en parte por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sufrió modificaciones a lo largo de los años y no se concretó en su totalidad, quedando pendiente el tramo norte hasta la estación Chimpu Ocllo. A pesar de la conclusión de este tramo en 2022, la ATU aún no ha puesto operativas todas las estaciones debido a observaciones en el diseño. Esta situación continúa afectando la calidad del servicio y generando malestar entre los usuarios del Metropolitano.




