Los aranceles de Trump obligan a las automotrices a tomar decisiones difíciles y costosas

La imposición de aranceles del 25% a la importación de vehículos y autopartes, una medida impulsada por la administración Trump, plantea un desafío significativo para la industria automotriz. Las empresas del sector se enfrentan a un panorama complejo donde las estrategias para mitigar el impacto económico inevitablemente conllevan costos adicionales que, a la postre, repercutirán en el bolsillo del consumidor.

Según la investigación publicada por The New York Times, los fabricantes de automóviles evalúan diversas opciones para adaptarse a esta nueva política comercial. La reubicación de la producción desde países como México hacia Estados Unidos emerge como una alternativa, al igual que el aumento de la capacidad productiva en las plantas ya existentes en territorio estadounidense. Otra estrategia considerada es la discontinuación de modelos importados, especialmente aquellos que generan menores márgenes de ganancia.

Sin embargo, independientemente de la estrategia que adopten las compañías automotrices, los consumidores deberán prepararse para un incremento en los precios, tanto de vehículos nuevos como usados. Las estimaciones sobre este aumento varían considerablemente según el modelo, pero se proyecta que podrían oscilar entre los $3,000 dólares para un automóvil fabricado en Estados Unidos, hasta superar los $10,000 dólares para los modelos importados. Estas cifras podrían verse agravadas por los aranceles adicionales que el entonces presidente Trump amenazó con imponer a los países que apliquen aranceles a productos estadounidenses.

Un factor que añade incertidumbre es la posibilidad de una escalada en la guerra comercial, donde países como Canadá y la Unión Europea podrían responder a los aranceles automotrices con medidas similares. Esta dinámica de “ojo por ojo” podría generar un impacto aún mayor en la economía global y, por supuesto, en el mercado automotriz estadounidense.

La imposición de estos aranceles se produce en un contexto donde la industria automotriz ya enfrentaba desafíos importantes, como la transición hacia vehículos eléctricos y la necesidad de invertir en nuevas tecnologías. El sector automotriz de Estados Unidos genera alrededor del 3% del PIB del país y emplea a más de 1.7 millones de personas, incluyendo fabricantes y distribuidores.

Michael Cusumano, profesor de gestión en el MIT Sloan School of Management, advierte que esta situación tendrá “un impacto disruptivo y costoso para los consumidores estadounidenses durante varios años”. La percepción generalizada entre los ejecutivos de la industria era que las amenazas de aranceles del entonces presidente Trump eran una táctica de negociación. No obstante, el propio Trump disipó estas esperanzas al declarar que los aranceles eran “100 por ciento” permanentes.