Malasia Trump Semiconductores
Malasia Trump Semiconductores

Los aranceles de Trump dificultan la preparación de Malasia para la IA

En el dinámico escenario de la industria global de semiconductores, Malasia emerge como un actor clave, con ambiciones de ascender en la cadena de valor hacia la producción de chips de alta gama. Este país del sudeste asiático, que históricamente ha sido un centro de manufactura para gigantes tecnológicos estadounidenses, se enfrenta ahora a los desafíos impuestos por la política comercial proteccionista del expresidente Trump, revivida en su reciente campaña.

Según la investigación publicada por The New York Times, la aspiración malasia de convertirse en un referente en la fabricación de chips avanzados podría verse obstaculizada por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, y las consiguientes tarifas impuestas por la administración Trump a las exportaciones malasias.

El primer ministro malasio, Anwar Ibrahim, ha expresado su preocupación por la dependencia de su país del comercio y la inversión estadounidense. No obstante, ha manifestado su desacuerdo con la postura de Washington de dictar a otros países con quién deben alinearse, aludiendo directamente a la guerra comercial con China. Esta declaración subraya la delicada posición en la que se encuentra Malasia, intentando equilibrar sus relaciones económicas con ambas potencias.

Anteriormente, Malasia se percibía como un posible beneficiario de las restricciones impuestas por Estados Unidos a la exportación de chips de inteligencia artificial a China. La estrategia consistía en trasladar operaciones a Malasia para mitigar el impacto de la creciente rivalidad entre ambas naciones. De hecho, el gobierno malasio se había fijado el ambicioso objetivo de desarrollar la capacidad local para fabricar chips de alta tecnología utilizados en inteligencia artificial, invirtiendo miles de millones de dólares en un plan a diez años para avanzar desde el ensamblaje y las pruebas hasta el diseño y la fabricación de vanguardia.

Sin embargo, las políticas comerciales del expresidente Trump, caracterizadas por su volatilidad, han generado incertidumbre en el sector. Tras la imposición inicial de un arancel del 24% a todas las exportaciones malasias a Estados Unidos, que fue posteriormente suspendido, persiste un arancel base del 10%. Además, el planteamiento de un gravamen general del 25% a las importaciones de semiconductores, bajo el argumento de la seguridad nacional, añade aún más presión a la industria. Esta estrategia busca repatriar la producción de chips a territorio estadounidense, según analiza Julia Goh, economista senior de UOB.

Empresas como AT&S, un gigante tecnológico austriaco, han adoptado medidas para mitigar los riesgos derivados de las nuevas tarifas, diversificando su producción en plantas ubicadas en Austria, India, Corea del Sur y China, además de Malasia. No obstante, Ingolf Schroeder, vicepresidente ejecutivo de microelectrónica de la compañía, ha confirmado que están monitoreando de cerca la situación arancelaria y buscando construir cadenas de suministro más resilientes.

La dependencia de Malasia de las empresas estadounidenses en el sector de la electrónica es significativa, representando aproximadamente el 65% de sus exportaciones en este rubro. La pandemia demostró la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales ante las disrupciones, lo que podría llevar a las empresas multinacionales a incrementar los precios para los consumidores estadounidenses si no pueden absorber los nuevos aranceles. En 2024, Malasia exportó chips a Estados Unidos por valor de 16.200 millones de dólares, lo que representa cerca del 20% del total de las importaciones estadounidenses de semiconductores.

En paralelo a estos desafíos, Malasia está invirtiendo en el desarrollo de su propia industria de diseño de chips. Un acuerdo con Arm Holdings, valorado en 250 millones de dólares a lo largo de diez años, busca fomentar la creación de hasta diez empresas locales de diseño de chips, con el objetivo de generar ingresos anuales combinados de 20.000 millones de dólares. Además, el país ha atraído inversiones de empresas como Nvidia, que colabora con el conglomerado malasio YTL para desarrollar infraestructura de inteligencia artificial.