LOS AMORES GATUNOS DE GLADIS R. ALCÁNTARA ROJAS Y UN INUSUAL AUTOPLAGIO DEL PROLOGUISTA

Cerré mis puertas
para que no roben mi ilusión.
Cerré mis ventanas
para que no me roben tu luminosidad.
G. R. A. R.
Por: Andrés Cloud*

La literatura infantil, juvenil, escolar y trabajos similares, por lo general, gira en torno a ejemplares y motivadoras historias referidas a animales (mascotas), objetos naturales y personajes excepcionales. Esta constante, entre nosotros, de preferencia en la narrativa corta, se patentiza en las recientes publicaciones del relato La niña y el lirio (2014) de Miguel Rivera Asencios; en el accionar de un travieso pollino, personaje de Melgarejo (2016), obra de Mirko Vilca Benancio, en los encantos y sortilegios del barbudo enano El duende Azul (2016) de Víctor Rojas Rivera; y más recientemente, en las andadas e intimidades de una familia de gatos adultos y jóvenes, actores de los Amores gatunos (2016) de la autoría de Gladis Alcántara.
Y a propósito de este último, Gladis Rosa Alcántara Rojas (Cajamarca, 1961), es una escritora en camino ascendente que, en base a tesón y perseverancia, viene forjando para sí un espacio propio en la literatura en Huánuco con entregas cada vez más logradas y menos espaciadas en el tiempo. Dan cuenta de ello, en poesía, el opúsculo Vientos de otoño (2009); el poemario Piel trémula (2010); y en narrativa, el relato Mi adorado Chicito (2011), el ensayo testimonial Wálter D., el gran milagro (2013) y el ya mencionado Amores gatunos (Lima, 2016, Ediciones Condorpasa, 78 págs.).

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En tiempos de horarios aturdidos, corruptela generalizada y psicosis colectiva en que Internet es una tentadora cantera para el plagio en sus diversas modalidades (según criterio del plagiario), el autoplagio, a nuestro entender, es un pecadillo venial expiable con una confesión pública por anticipado. Al respecto, hecha, pues, la confesión liberadora y los descargos del caso, transcribimos (con variantes considerables) algunos párrafos del prologuillo Historia de gatos y algo más que antecede a Amoríos gatunos:
El antropomorfismo es un recurso creativo muy usado en la literatura y las artes en general. Es parte de la historia del arte y el pensamiento humano, y consiste en la humanización de animales y seres inanimados, dotándoles de habla, raciocinio y otros atributos inherentes a la especie humana. En uso de este recurso, los personajes del relato Amores gatunos (la Negra, Chicito, los gemelos Julio César y Carlomagno, Micifuz, las gemelas Cinderella Sol y Cinderella Luna), sin dejar su condición de felinos, ascienden a la escala humana y cumplen a cabalidad los roles protagónicos asignados por la imaginación creadora de la escritora.
Sin embargo, al margen de la trama puramente argumental, merece especial atención no solo la dicotomía felino / humano; amor / desamor, memoria / olvido, etc., sino también la constante del pareado y el número dos: Rómulo y Remo en los albores del imperio romano; Caín y Abel en los textos bíblicos; los gatos gemelos Julio César y Carlomagno nacidos un dos de enero; las gemelas Cinderella y Chicito, así como Micifuz, los dos amores de la Negra…
Y a propósito de gatos, gatas, gatitos y gatitas, en la parodia a la condición humana insinuada en los treinta y tantas viñetas o capitulillos de Amores gatunos, nos parece percibir lejanas reminiscencias de La gatomaquia, poema burlesco publicado en Madrid en 1634 por Lope de Vega con el seudónimo de Burguillos, texto versificado en el que se da cuenta de la rivalidad de los gatos burgueses Micifuz y Marramaquiz, ufanos por alcanzar los favores de la plebeya Zapaquilda.
Finalmente, concedemos el uso de la palabra en vivo y en directo a la mismísima Negra en persona: “Estos días que pasamos, he aprendido que el tiempo no es oro, sino vida, y he decidido volver a amar. Ya decía mi madre: Para una buena aguja, un buen hilo; y para una hermosa gata, un buen consorte, (…) Como ya no tengo noticias de Chicito, prefiero que viva su vida con esa gata que espero no la deje como él me dejó a mí. Ya debo cerrar el libro y empezar a escribir uno nuevo”. (45).
Ayancocha, julio 7 del 2016.