El monarca Carlos III combinó la conmemoración del 80 aniversario de la victoria aliada sobre la Alemania nazi con los preparativos para su viaje a Canadá, donde inaugurará el Parlamento a finales de mes. Sin embargo, este programa público se vio nuevamente eclipsado por las declaraciones de su hijo menor, el Príncipe Harry, lo que recuerda la incesante lucha del rey por mantener la estabilidad dentro de la Casa Real. Este tira y afloja ha sido una constante desde su coronación, marcando su reinado con la gestión de conflictos familiares.
Según la investigación publicada por The New York Times, este patrón se ha vuelto familiar en los dos años transcurridos desde su ascensión al trono. Su reinado, marcado por acontecimientos significativos, se define curiosamente por una narrativa central inalterable: la de un padre lidiando con una familia problemática.
La petición de reconciliación de Harry, expresada en una reciente entrevista con la BBC – en la que reflexionó sobre el tiempo que le queda de vida a su padre, quien padece cáncer – reabrió viejas heridas dentro de la familia real, que aún busca consolidarse en esta temprana era carolingia. Historiadores como Ed Owens señalan que la percepción del reinado de Carlos III está influenciada por estos conflictos, generando incertidumbre sobre su rumbo y duración. El cáncer diagnosticado al rey en 2024 también ha sido un factor determinante, aunque el monarca ha continuado cumpliendo con sus obligaciones.
A pesar de someterse a tratamientos semanales contra el cáncer, Carlos III ha realizado viajes a Francia, Australia, Polonia e Italia. Además, encontró tiempo para crear una lista de reproducción para Apple Music, que incluye a artistas como Kylie Minogue y Bob Marley, ofrecer banquetes de estado y posar para retratos oficiales. La reciente derrota legal de Harry con respecto a su seguridad en el Reino Unido, junto con sus declaraciones posteriores, inevitablemente desviaron la atención hacia la fractura familiar que se inició en 2020, cuando él y su esposa, Meghan, se retiraron de sus funciones reales y se mudaron a California.
Algunos expertos en la realeza advierten que, a menos que Carlos III encuentre una forma de resolver esta disputa, podría definir su reinado, socavando los mensajes de tolerancia e inclusión que ha defendido durante mucho tiempo. Peter Hunt, ex corresponsal real de la BBC, argumenta que esta situación reflejará negativamente en la imagen del rey, ya que representa una institución basada en la unidad familiar y el perdón. Su incapacidad para reconciliar a su propia familia pone en entredicho su papel como figura unificadora, más aún considerando el antecedente histórico de abdicación por motivos sentimentales de Eduardo VIII en 1936.
Si bien el Palacio de Buckingham se ha negado a comentar sobre la relación del rey con su hijo, sí refutó la afirmación de Harry en la entrevista con la BBC de que su padre podría haber hecho más para evitar que perdiera la protección policial financiada con fondos públicos durante sus visitas al Reino Unido. Un portavoz del palacio emitió una declaración inusualmente mordaz, asegurando que todos estos asuntos han sido examinados repetida y meticulosamente por los tribunales, llegando a la misma conclusión en cada ocasión. Un tribunal de apelaciones dictaminó el 2 de mayo que un comité gubernamental actuó correctamente al negarle a Harry la protección automática después de que dejara de ser un miembro activo de la realeza, argumentando que no cree que sea seguro llevar a su esposa e hijos al Reino Unido sin dicha seguridad.
Mientras tanto, la figura del Príncipe Guillermo se consolida. Ante la ausencia de Harry y los problemas del Príncipe Andrés, sumado a la enfermedad de su padre, Guillermo ha asumido un papel público más prominente. Su viaje a París para reunirse con el Presidente Trump en la reapertura de Notre Dame, su visita a las tropas británicas en Estonia y su representación de su padre en el funeral del Papa Francisco son ejemplos de su creciente protagonismo. Historiadores como Ed Owens sugieren que Guillermo está consolidando su reputación como estadista, mostrando un perfil más activo y mediático, a pesar de que en el pasado se le tachó de poco trabajador. Sus esfuerzos se centran en un programa para abordar la falta de vivienda y en la lucha contra el cambio climático, aunque moderando su discurso a medida que los objetivos de emisiones netas cero se vuelven políticamente controvertidos.




