La interrogante sobre si poseemos verdadero libre albedrío en la alimentación es un debate central para comprender por qué adherirse a una dieta resulta un desafío tan significativo para tantos individuos. En un mundo donde la obesidad se ha convertido en una pandemia silenciosa, afectando a más de 650 millones de adultos globalmente según la Organización Mundial de la Salud, desentrañar los mecanismos neurológicos que rigen nuestra ingesta alimentaria se torna crucial.
Según la investigación publicada por The New York Times, un grupo de científicos se ha adentrado en el complejo mundo de la neurociencia para explorar los factores que influyen en nuestros hábitos alimenticios. Uno de los pioneros en este campo es el Dr. Harvey J. Grill, neurocientífico de la Universidad de Pennsylvania, quien ha recurrido a modelos animales, concretamente ratas, para investigar el papel del tronco encefálico en el control de la alimentación.
En un experimento innovador, el Dr. Grill eliminó quirúrgicamente la mayor parte del cerebro de las ratas, dejando intacto únicamente el tronco encefálico. Esta estructura cerebral, responsable de funciones vitales básicas como la frecuencia cardíaca y la respiración, también juega un papel en la regulación de la ingesta de alimentos. Al privar a las ratas de la capacidad de oler, ver y recordar, el Dr. Grill buscaba determinar si aún eran capaces de reconocer cuándo habían consumido suficientes calorías.
El procedimiento consistió en suministrar alimento líquido directamente en la boca de los animales. De manera sorprendente, las ratas demostraron tener la capacidad de detenerse cuando habían alcanzado un punto de saciedad, permitiendo que el exceso de alimento se drenara de sus bocas. Estos hallazgos, fruto de décadas de investigación, revelaron que la sensación de saciedad no está necesariamente ligada a la conciencia, desafiando las concepciones tradicionales sobre cómo controlamos nuestra alimentación.
El estudio del Dr. Grill y otros investigadores ha cobrado aún más relevancia con el auge de los fármacos para la pérdida de peso, como los agonistas del receptor GLP-1, entre los que se encuentra Ozempic. Estos medicamentos, originalmente diseñados para tratar la diabetes tipo 2, han demostrado ser eficaces para reducir el apetito y promover la pérdida de peso. Los científicos ahora buscan comprender cómo estos fármacos influyen en los sistemas cerebrales que regulan la alimentación.
Si bien la investigación en modelos animales, principalmente roedores, plantea interrogantes sobre su aplicabilidad directa a los humanos, el Dr. Jeffrey Friedman, investigador de la obesidad en la Universidad Rockefeller en Nueva York, argumenta que es difícil creer que los humanos sean fundamentalmente diferentes. Friedman subraya que la evolución ha moldeado intrincadas vías neuronales que controlan cuándo comenzamos a comer y cuándo nos detenemos, procesos que compartimos con otros mamíferos.
La narrativa que emerge de estas investigaciones no pretende explicar por qué algunas personas desarrollan obesidad y otras no. En cambio, ofrece valiosas pistas sobre los mecanismos que nos impulsan a comenzar a comer y las señales que nos indican cuándo debemos detenernos. Comprender estos procesos podría allanar el camino para el desarrollo de estrategias más efectivas para combatir la obesidad y mejorar la salud pública, especialmente en países como México, donde la prevalencia de esta condición es alarmantemente alta.




