LA VOZ DE LA MUJER

Por Denesy Palacios Jiménez
Vivíamos años de la era Republicana en el Perú, desde la proclamación de la Independencia del Perú en 1821, y la consolidación de dicha independencia con las batallas de Junín y Ayacucho en 1823, aquellas victorias del ejército patriótico, donde murieron gran cantidad de nuestros indígenas, sirvió para que los famosos criollos o españoles americanos firmaran el Acta, una Acta tan irrita que reconocía los derechos de los vencidos otorgándoles beneficios de toda naturaleza, y los indígenas como todos sabemos seguían en situación de ciudadanos de segunda clase o peor aún, siguieron durante varias décadas pagando el tributo indígena, es decir, los orígenes de la República en el Perú nace con muchos arrastres del sistema colonial, como es el caso de la esclavitud de los negros y la servidumbre de los indígenas.
Lo que nos indigna es que el Perú no debía reconocer la deuda a España por los gastos de la independencia, pues hubiera sido admitir que la guerra había sido injusta, sin embargo, en el Acta que firma La Serna, se les reconocía una serie de gollerías, por eso invito a todos los peruanos a leerla y analizarla, pues se había desvirtuado su sentido. Es por eso que pese a estos triunfos del ejército patriota, los españoles no se fueron a España, ni dejaron el patrimonio que habían amasado, y además debemos recordar que el Perú pagó la deuda de la guerra de la independencia de toda América Latina, y es por eso que nuestro endeudamiento externo viene desde 1823.
Como acotan varios historiadores queda por ventilar de una vez por todas, a través de la investigación en archivos españoles y peruanos, los móviles económicos y políticos, tanto públicos como privados, que desencadenaron esta absurda guerra entre 1865 y 1866.
Los hechos desencadenaron el conflicto. Una pelea en la hacienda de Talambo, al norte del Perú, entre trabajadores vascos y peruanos, donde resultó muerto un peninsular, fue el acontecimiento que inició todo el problema (4 de agosto de 1864). Se hallaba entonces en Valparaíso una expedición científica española, al mando del almirante Luis Hernández Pinzón, que venía recorriendo la costa americana desde California. Al saberse los sucesos de Talambo, la corte de Madrid destacó a Eusebio de Salazar y Mazarredo, espía peninsular que vivía en Lima y que, en calidad de comisario regional ante el gobierno peruano, informó irresponsablemente de matanzas de españoles en el Perú.
Mazarredo instó a Pinzón a ocupar las islas de Chincha e izar allí la bandera española, hecho que provocó la protesta de la opinión pública nacional y del Congreso Americano reunido en Lima. El Congreso, entonces, autorizó al Ejecutivo para declarar la guerra a España; sin embargo, el presidente Juan Antonio Pezet, temeroso ante un enfrentamiento bélico por la supuesta inferioridad militar del Perú, prefirió negociar. El resultado fue el inoportuno tratado Vivanco-Pareja (27 de enero de 1865), cuya firma no pudo ser más humillante: el Perú se comprometía a pagar a España 3 mil pesos para compensar los gastos de su flota y a recibir a un comisario regio para solucionar el incidente de Talambo; y como si esto fuera poco, también se comprometió a cancelar la “deuda de la independencia”. A cambio de esto, la escuadra española se comprometía a desocupar las islas y a saludar con salvas de artillería de bandera peruana siempre y cuando los peruanos hicieran lo mismo con la española. La opinión pública en el Perú no pudo reaccionar con más indignación. El presidente Pezet fue acusado de traidor a la patria, y desde Arequipa, una revolución liderada por el coronel huanuqueño Mariano Ignacio Prado tomó el poder en Lima haciendo huir a Pezet, quien se embarcó hacia Europa. Inmediatamente Prado declaró nulo el tratado Vivanco-Pareja, formó la Cuádruple Alianza con Chile, Ecuador y Bolivia y declaró las victorias de los aliados en los combates en Abato (7 de febrero de 1866) y el definitivo en el Callao (2 de mayo de 1866). El triunfo fue contundente, sobresale el heroísmo de José Gálvez, nos queda como legado una economía golpeada por los gastos de este conflicto y que solo unidos podemos superar las crisis.




