En estos tiempos de creciente frustración social, el desencanto hacia las promesas incumplidas parece ser una constante en la política peruana. La figura del gobernador de Huánuco, Antonio Pulgar, es un reflejo claro de este fenómeno. Tras una gestión plagada de retrasos y obras inconclusas, como la construcción del puente Corpac, el Hospital de Tingo María y la Alameda Perú en Tingo María, se enfrenta ahora a un clima de insatisfacción por cierta parte de la población mientras busca su reelección.
En una reciente visita a Tingo María, Pulgar vivió de cerca el descontento popular. Ante las preguntas incómodas y el clamor por las promesas no cumplidas, se vio obligado a abandonar la reunión precipitadamente, por temor a represalias físicas. Este incidente no es aislado; refleja el agotamiento de una población que siente que sus necesidades básicas, como la infraestructura vial y sanitaria, han sido ignoradas por quienes ostentan el poder.
El puente Corpac, que conecta áreas cruciales para el turismo, es solo un ejemplo de los proyectos paralizados. La construcción del puente Castilla, igualmente esencial, sigue abandonada pese a los fondos adelantados. El gobernador Pulgar, quien podría haber cimentado su campaña de reelección sobre la base de obras concretas y palpables, ha optado por promesas vacías. El resultado: una creciente falta de confianza en su gestión.
El problema no es exclusivo de Tingo María. En toda la región de Huánuco, los ciudadanos expresan su insatisfacción con el estado de las carreteras, la falta de avances en la construcción del hospital, y la parálisis de proyectos como la Alameda Walter Soberón y el sistema de tratamiento de aguas residuales (PETAR). En cada rincón del departamento, la realidad es la misma: promesas incumplidas y millones de soles perdidos en obras que no ven la luz.
Pulgar, como muchos otros políticos, parece haber subestimado la capacidad de memoria del pueblo. La estrategia de ofrecer obras y promesas para captar votos ha sido una herramienta común en la política peruana, pero en este contexto, el pueblo comienza a despertar y exigir resultados tangibles. Y aunque Pulgar, como otros, puede intentar ganar votos a través de regalos o prebendas, corre el riesgo de que el mismo pueblo que le dio su confianza se la retire en las urnas.




