Lo niego todo

Por: Arlindo Luciano Guillermo
Joaquín Sabina (Úbeda, 12 de febrero de 1949), como Charly García, Alejandra Guzmán o Iván Cruz, no es santo devoción de muchos. Es injustamente relegado por razones políticas e ideológicas. Nadie niega la calidad musical y el lenguaje poético en sus canciones ni la preferencia en miles de ciudadanos ni trascendencia en la música contemporánea. Joaquín Sabina es el Bob Dylan español. Las canciones que interpreta son “poemas musicales”, donde la música, la “voz rota” y la poesía se funden con equilibrio. Joaquín Sabina no es un cantante que apela al “romanticismo clásico”, donde predomina yo individual, desgarramiento emocional por desamor, afloramiento de la pasión, melancolía depresiva y sentimiento amoroso, tal como lo hacen Julio Iglesias, José José, Nino Bravo o Juan Bau. Sabina escudriña, como un sociólogo atento o un periodista meticuloso, a través de la música, la poesía y la particular experiencia personal, las profundidades del sentimiento, las caretas del amor, las emociones eruptivas y los desengaños ideológicos del ciudadano del siglo XXI. Luis Eduardo Aute Gutiérrez-Répide, músico, cantautor y poeta español, le dedicó, en Pongamos que hablo de Joaquín, esta copla: “Degenerado y mujeriego / con cierto aspecto de faquir / anda arrastrando su esqueleto / por las entrañas de Madrid. / Aunque andaluz de fin de siglo / universal quiero decir / no sé qué tiene de rabino / cuando lo miro de perfil.”
Joaquín Sabina recientemente ha producido el CD titulado Lo niego todo (2017), que reúne 12 canciones con estilos musicales, temática y percepciones sociales diferentes. El lenguaje coloquial (de fácil entendimiento) se junta con el popular y la poesía. Las canciones, donde se siente vida testimonial, confesión de parte y burla cortés, tienen versos cortos, predomina el concepto, las imágenes poéticas y la metáfora sencilla, lejos de la impostura y del hermetismo literario. “Pero yo fui más lejos / le adiviné las cartas al adivino / aposté contra mí por no hacerme viejo / en la ruleta rusa de los casinos.” (Quien más, quien menos). El cantor desafía sarcástico al destino y la edad no es más que la acumulación años vividos. En Lo niego todo, Sabina revela un total nihilismo ante lo que es y será, ante lo que la gente cree de él. “Ni ángel con alas negras / ni profeta del vicio / ni héroe en las barricadas / ni ocupa ni esquirol / ni rey de los suburbios / ni flor del precipicio / ni cantante de orquesta / ni el Dylan español / ni el abajo firmante / ni vendedor de humo / ni juglar del asfalto / ni rojo de salón / ni escondo la pasión / ni la perfumo / ni he quemado mis naves / ni sé pedir perdón. / Lo niego todo / aquellos polvos y estos lodos / lo niego todo / incluso la verdad.” En todas las canciones resplandece la poesía, ese lenguaje sutil que envuelve al lector en la imaginación y lo obliga a pensar e interpretar. Dice en Leningrado: “Me doctoré en tus labios de ocasión / en una sórdida pensión de Leningrado / sin pasaporte y fuera de la ley / pero borracho como un rey desheredado.”
Joaquín Sabina, ciudadano urbano, controvertido, apreciado por unos, criticado por otros, siempre nos recordará que la vida no solo es llenar la barriga para mitigar el hambre, sino también ejercer libertad para vivir, sentir y pensar. Sabina demuestra que el arte tiene de popular y poesía académica, de refranero y metáfora. Felizmente tenemos un poeta, un juglar memorioso y citadino, un cronista de la historia diaria, para decirnos que nada es perfecto entre nosotros, nada es eterno, que podemos vivir sin límites sin hacer daño a nadie, que somos mortales, con pies de barro, corazón de cristal, nervios que se crispan en la estrechez y se hacen de acero en la adversidad, que nuestra vida tiene fecha de vencimiento. En Sin pena ni gloria dice: “El corazón mientras late / sueña con amanecer / abrazado a una mujer / que lo bese y lo rescate / y aunque pierda la fe / nunca da por perdido el combate. / Si me matas / me hago el muerto / yo que mato por vivir / cuando no sé qué decir / doy gritos en el desierto.”