Durante décadas, el Mes de la Patria ha representado para los peruanos un momento de unión y orgullo colectivo. Era común ver desde inicios de julio la bandera bicolor flameando en casas, colegios, plazas y edificios públicos. Los desfiles escolares, actividades cívicas y encuentros comunitarios reforzaban el sentimiento de identidad y pertenencia. Sin embargo, hoy esta tradición parece desvanecerse ante la indiferencia y la pérdida de valores cívicos.
En años anteriores, colocar la bandera no solo era una obligación cívica, sino un motivo de orgullo. Existían ordenanzas municipales que imponían multas a quienes no cumplían con esta práctica, reflejando la importancia que se otorgaba al símbolo patrio. Ahora, la bandera se observa de forma esporádica en algunas plazas principales o edificios oficiales, mientras que en los hogares particulares es cada vez menos frecuente.
Según diversas opiniones recogidas en la ciudadanía, esta situación refleja una crisis más profunda: la progresiva pérdida de la identidad nacional. Para muchos, ser peruano ya no implica el mismo sentido de compromiso y orgullo que en generaciones pasadas. La desconfianza hacia las instituciones públicas, los constantes casos de corrupción y el deterioro de la economía han minado el amor y la identificación con la patria.
Además, se percibe un retroceso en la formación cívica desde las etapas escolares. Antes, se inculcaba a los niños y jóvenes el respeto por los símbolos nacionales y el valor de la historia patria. Hoy, este aspecto parece relegado frente a otras prioridades académicas, dejando un vacío que se refleja en la actitud de las nuevas generaciones.
La frase “Soy peruano y que viva el Perú” ha perdido fuerza. Antes era pronunciada con emoción y orgullo, acompañada de gestos como portar la escarapela o izar la bandera. Hoy, en muchos casos, ha quedado reducida a una formalidad sin contenido real.
Es momento de retomar el camino. Las instituciones educativas tienen un rol fundamental en promover el civismo y el amor por la patria desde la niñez. Asimismo, las autoridades locales y nacionales deben asumir el compromiso de recuperar y proteger las tradiciones que fortalecen el tejido social.
La bandera roja y blanca no es solo un trozo de tela; representa la historia, los sacrificios y la esperanza de millones de peruanos. Volver a exhibirla con orgullo no solo significa cumplir una norma, sino reafirmar nuestra identidad y compromiso colectivo con el país.




