La recurrencia de accidentes de tránsito en nuestras carreteras y vías internas, especialmente exacerbada durante periodos de intensas lluvias y condiciones adversas provocadas por el fenómeno del Niño, destaca una urgente necesidad de mayor conciencia y precaución por parte de todos los conductores. Incidentes registrados como el de hace dos días en vía Huánuco-Tingo María, muchas veces son el resultado de la negligencia e imprudencia humana más que fallos mecánicos, subrayan un desafío crítico: la seguridad vial es responsabilidad compartida.
En situaciones donde la naturaleza desafía nuestra infraestructura, como los derrumbes en San Mateo, es vital recordar que la prudencia y el respeto por las normas de tráfico son nuestros mejores aliados. La velocidad excesiva, la falta de atención y el incumplimiento de las regulaciones no solo aumentan el riesgo de accidentes sino que también pueden tener consecuencias fatales.
El Estado, a través de declaratorias de emergencia y la movilización de recursos para mitigar los efectos de las lluvias y el crecimiento de los ríos, cumple un papel crucial en la prevención y respuesta a estas crisis. Sin embargo, la iniciativa individual y colectiva es insustituible. Desde la limpieza de desagües en nuestros hogares hasta la adopción de una conducción más cautelosa, todos tenemos un rol que desempeñar en la protección de nuestras comunidades.
Es imperativo que los conductores adopten una actitud de responsabilidad al volante, reconociendo que cada decisión tomada en la carretera tiene el potencial de impactar no solo su propia seguridad sino también la de los demás. La moderación en la velocidad, especialmente en carreteras mojadas y sinuosas, no es solo una recomendación; es una necesidad.
Este es un momento para reflexionar sobre cómo nuestras acciones individuales pueden contribuir a un entorno más seguro para todos. La prevención de accidentes de tránsito es posible mediante la colaboración, el respeto mutuo y el compromiso con prácticas de conducción seguras. Cada esfuerzo cuenta en la construcción de una cultura de precaución y respeto en nuestras carreteras.
Al final del día, la seguridad vial no es solo una cuestión de leyes o señalizaciones; es una cuestión de elección personal y responsabilidad colectiva. Hagamos de la precaución y el cuidado mutuo nuestras prioridades, garantizando así un futuro donde los viajes seguros sean la norma y no la excepción.




