Ante el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y sus promesas de imponer aranceles de hasta el 20%, la Unión Europea intenta disuadir al nuevo gobierno estadounidense de iniciar una guerra comercial. En la cumbre en Budapest, líderes como Alexander De Croo, primer ministro de Bélgica, resaltaron la importancia de mantener los lazos entre “aliados” y enfocarse en el “competidor común” de ambos: China. “Sería absurdo que unos aliados se impongan aranceles”, comentó De Croo, apoyado por otros líderes como Karl Nehammer, canciller de Austria, y la danesa Mette Frederiksen.
Trump podría buscar reducir el superávit comercial de la UE con Estados Unidos, impulsado principalmente por exportaciones alemanas e italianas. Esto generaría un impacto importante en sectores clave, como el farmacéutico y el automotriz.
Pese a las tensiones, algunos funcionarios europeos buscan oportunidades estratégicas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sugirió incrementar las importaciones de gas natural licuado (GNL) estadounidense para reducir la dependencia de Rusia, destacando la posibilidad de explorar intereses comunes que beneficien a ambas economías y fortalezcan una relación comercial “transaccional”.




