Ser autoridad implica mucho más que ocupar un cargo; es una responsabilidad trascendental para con la comunidad. Se espera que las autoridades identifiquen los problemas que aquejan a su jurisdicción y propongan soluciones efectivas y rápidas. Sin embargo, lo que estamos presenciando, particularmente en el sector automovilístico de nuestra ciudad, es un panorama desolador: calles caóticas, vehículos saturados y una alarmante inseguridad que pone en riesgo a peatones y conductores por igual.
El problema no se limita a la sobresaturación de vehículos en nuestras calles, especialmente aquellos dedicados al transporte público. Más preocupante aún es la imprudencia y la negligencia rampante por parte de los conductores, lo cual eleva el riesgo de accidentes y daña la calidad de vida en la ciudad. Esta situación apunta a una falla más grande en nuestra sociedad: una falta de cultura vial y, en términos más amplios, de empatía y responsabilidad cívica.
Cruzar la calle o simplemente caminar por la ciudad se ha convertido en una tarea arriesgada, en parte porque muchos conductores parecen considerar las vías públicas como su dominio exclusivo, ignorando las reglas básicas del tránsito y, lo que es peor, los derechos de los peatones. Este tipo de conducta no es solo un reflejo de problemas estructurales, sino también un síntoma de una cultura más amplia de indiferencia y falta de civismo.
Agravando esta situación, está la notable ausencia de efectivos policiales en puntos clave de la ciudad para ayudar a las familias a cruzar las calles de manera segura. Esto contribuye a un ambiente generalizado de peligro y hace que cada travesía parezca una apuesta contra la vida misma.
Es hora de que nuestras autoridades ejerzan el liderazgo responsable que se espera de ellas. Necesitamos un plan integral que aborde tanto los problemas logísticos como los culturales relacionados con nuestro sistema de transporte. Esto incluye mejorar la regulación del tráfico, pero también lanzar campañas de educación vial y asegurar que haya suficiente presencia policial en las áreas más conflictivas.
La resolución de estos problemas es una tarea compleja que requerirá el compromiso y la cooperación de todos los sectores de la sociedad. Pero la piedra angular de cualquier solución efectiva debe ser un liderazgo firme y visionario por parte de nuestras autoridades. Después de todo, gobernar no es solo una cuestión de mantener el orden; es una cuestión de mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. Y en el tema del tráfico y la seguridad vial, simplemente no podemos permitirnos seguir como estamos.




