LAS TAREAS DE PPK

Por: Arlindo Luciano Guillermo

No basta ganar heroica y merecidamente las elecciones. Luego viene el qué hacer en el gobierno, cómo administrar y liderar una nación, a las instituciones del Estado y convertir en realidad todas las promesas electorales. Gobernar no solo es dirigir al país desde la Casa de Pizarro, sino cómo establecer una relación democrática y prospectiva con el adversario y con los intereses de todos los ciudadanos. PPK no tiene mayoría en el congreso. Los 73 de Fuerza Popular tienen las de ganar si hacen prevalecer, con terquedad e intransigencia política, solo intereses partidarios, de cúpula o preparando el terreno electoral para el 2021.
En el Perú persiste la filosofía del “te perdono, pero no olvido”. La segunda vuelta ha sido un ring de box, golpes bajos, escupitajos, insultos, agravios, pullas y sablazos. Hay, sin duda, resentimiento, heridas abiertas y ojos verdes. Las elecciones ya acabaron, hay un ganador democrático y un perdedor que está en la obligación de aportar, contribuir y apoyar, sin mezquindad ni afán de cobrarse cuentas pendientes.
Es saludable para la democracia que los peruanos hayamos elegido, ininterrumpidamente, al cuarto presidente de la república a través del voto popular. Es el período democrático más largo. Es un gran ejemplo que, desde el Perú, se irradie para los demás países de América Latina. Esto revela que el militarismo aventurero, los proyectos socialistas del siglo XXI y la toma del poder por las armas constituyen métodos obsoletos, desfasados e indignos para la cultura de la libertad y la democracia. Por otro lado, es la expresión de la madurez participativa de los partidos políticos y ciudadanos demócratas que saben a cabalidad que la democracia, aunque frágil, con permisibilidad y defectos, es el ejercicio de la libertad, la participación política y el derecho de elegir y ser elegido. En dictadura cívica y autoritarismo militar, los ciudadanos no opinan libremente y las organizaciones sindicales y políticas son proscritas. En democracia no se puede torcer ni distorsionar la voluntad popular. En democracia, después de las elecciones, siguen los colores políticos, pero se gobierna para el pueblo, con el pueblo y por el pueblo.
Los peruanos hemos elegido a un presidente por cinco años. Esa es la voluntad del pueblo. El triunfo de Pedro Pablo Kuczynski ha sido ajustado. Ganó por más de 41 mil votos. El veredicto ya está dado. Eso no da marcha atrás. Ahora empieza el arduo trabajo de conformar al equipo técnico que implementará toda la oferta electoral. Empieza el acercamiento con Fuerza Popular, principalmente, para dialogar, negociar y concertar. Para PPK no será tarea sencilla para convencer a la bancada naranja que se debe gobernar pensando, cada segundo, en el Perú. La gobernabilidad dependerá de cuál será el comportamiento de FP, cómo se conduce, cómo avanza en el congreso donde debe haber una fiscalización firme, una oposición éticamente responsable, una actitud de conciliación, sin revanchismo ni repartija del poder, donde no haya obstrucción ni condicionamientos partidarista. PPK tiene que ser recordado, y dejar un gran precedente, como el presidente que gobernó bien, a pesar de tener 73 congresistas en la oposición.
La principal responsabilidad de PPK es gobernar con efectividad, transparencia, decencia en las decisiones para que la política sea atractiva y un escenario probo para millones de peruanos altamente talentosos para la administración pública y el ejercicio de los derechos políticos; también cumplir con la promesa electoral, fortalecer la autonomía de las instituciones, generar empleo, atraer inversiones, potenciar el crecimiento económico, mejorar los acceso a salud y la calidad de la educación. ¿Cómo lo debe hacer? Eso va a depender, decisivamente, a quiénes convoca y con quiénes gobernará.
El diálogo es la herramienta que permitirá acercamiento político y la exposición de argumentos, planes y posibilidades. La negociación tiene que ser abierta, pensando en el Perú, donde ambas partes tendrán réditos políticos y mutua satisfacción. La concertación será el pacto de partidos, líderes y propuestas para la gobernabilidad y empujar al país hacia el desarrollo, el progreso de los ciudadanos y la solución de los problemas, que van desde la pobreza, la exclusión social, la minería ilegal, la depredación de bosques, el descrédito de las instituciones políticas, la vigencia de los programas sociales para enfrentar la educación, salud y la primera infancia.
El Perú amargamente ha vivido años de violencia terrorista. Ese episodio jamás debe volver a repetirse. Un pueblo desmemoriado corre el riesgo de repetir lo mismo, a veces peor. Para eso debemos tener bien metida en la cabeza el chip de la democracia, que la violencia y las armas jamás han sido los medios para llegar al poder en el Perú.
A estas alturas del partido, los peruanos debemos entender que el reciente proceso electoral no ha generado enemigos irreconciliables, sino gobernantes democráticos, el derechos de participar en una justa electoral y la oportunidad de sentarse alrededor de una mesa y conversar sobre el Perú, cómo hacemos de esta nación milenaria una del primer mundo, moderno, con instituciones sólidas, ciudadanos felices y satisfechos, con seguridad para vivir en paz. La práctica, en los hechos, de la intolerancia política, de uno u otro bando, sería un grave atentado contra la democracia.
¿Cuál es el destino histórico y político del Fuerza Popular? ¿La derrota del último 5 de junio es la partida de defunción? Fuerza Popular será el actor estelar durante el gobierno de PPK. La amargura y el sinsabor de la derrota electoral pronto pasarán. Las pugnas de campaña se convertirán en abrazos fraternos de amistad y una oportunidad para gobernar juntos por el Perú, sin zancadillas ni jaque mate. Fuerza Popular está vivito y coleando, a la expectativa de lo que hace, decide y cómo camina PPK, el Consejo de Ministros, la política económica y la activación de los programas sociales.
En el 2021 se encontrarán (hipotéticamente) en las elecciones Verónica Mendoza, Julio Guzmán, tal vez César Acuña, la misma Keiko Fujimori (u otro miembro de la dinastía) y otro líder político que surgirá de la coyuntura. Quisiéramos que en el 2021 tengamos que elegir al mejor candidato, al mejor ciudadano, a quien tenga el mejor plan de gobierno, quien no tenga un pasado nefasto y sórdido, que tenga la confianza del electorado, quien encarne la ética en la política y la idoneidad para conducir los destinos de una nación. Así tendremos el gobernante que merecemos.