La persistente mediación internacional, a pesar de los esfuerzos incansables, no ha logrado consolidar una tregua duradera entre Hamás e Israel después de casi veinte meses de conflicto en Gaza. Desde los intentos liderados por William J. Burns y Brett McGurk en representación de la administración Biden, hasta la participación de Steve Witkoff en nombre del expresidente Trump, una constante ha marcado las negociaciones: la disparidad en los objetivos a largo plazo de ambas partes.
Según la investigación publicada por The New York Times, un punto de discordia fundamental ha sido el principal escollo en las negociaciones de paz entre las partes. La organización Hamás aspira a un cese al fuego permanente que le permita mantener su influencia en la Franja de Gaza tras la guerra, mientras que Israel se muestra favorable a un acuerdo temporal que le permita reanudar sus operaciones militares para derrotar al grupo.
Esta discrepancia central resurgió con fuerza en la última ronda de mediaciones encabezada por Witkoff. Hamás, buscando garantías más sólidas de que cualquier nueva tregua evolucione hacia un cese permanente de las hostilidades, propuso una cláusula que garantizara la “continuación de las negociaciones hasta alcanzar un acuerdo definitivo”. Esta formulación permitiría extender indefinidamente la tregua de 60 días propuesta, frustrando las aspiraciones israelíes de retomar el combate. La respuesta israelí no se hizo esperar, con el Primer Ministro Benjamin Netanyahu calificando la propuesta de Hamás como “totalmente inaceptable” y un “paso atrás”.
A pesar de este nuevo revés, los mediadores, Egipto y Qatar, emitieron un comunicado conjunto reafirmando su compromiso de “intensificar los esfuerzos para superar los obstáculos que enfrentan las negociaciones”. Witkoff, aunque criticó la respuesta de Hamás como un retroceso, sugirió a través de redes sociales que las conversaciones sobre los detalles de una tregua podrían “comenzar inmediatamente esta semana” si el grupo suavizaba su postura. Hamás, por su parte, se mostró dispuesto a iniciar una ronda de negociaciones indirectas para alcanzar un acuerdo sobre los puntos de controversia, aunque insistió en que estas deben conducir a un “cese del fuego permanente y una retirada total de las fuerzas de ocupación”.
Un factor clave para el éxito de cualquier acuerdo será la disposición de Estados Unidos a ejercer presión sobre ambas partes para alcanzar un compromiso. La influencia del entonces presidente Trump fue fundamental para convencer a Netanyahu de aceptar una tregua temporal en enero. Sin embargo, dos meses después, Netanyahu rompió el cese al fuego tras consultar con la administración Trump, según informó un portavoz de la Casa Blanca en aquel momento. Esta situación refleja la complejidad de la dinámica regional y la importancia del papel de mediación de las potencias internacionales.
Mientras tanto, la situación humanitaria en Gaza se deteriora, con civiles palestinos enfrentando crecientes dificultades debido a los continuos ataques aéreos israelíes, el desplazamiento masivo, la escasez de alimentos y un nuevo plan de distribución de ayuda respaldado por Israel. El ejército israelí emitió nuevas órdenes de desplazamiento para una extensa área del sur de Gaza, obligando a los civiles a retirarse a una estrecha franja de territorio junto a la costa. Más de 4.000 palestinos han muerto en Gaza desde que Israel reanudó los combates en marzo, según el Ministerio de Salud de Gaza, que no distingue entre civiles y combatientes.




