Las pequeñas empresas asediadas por recortes, estancamientos y aranceles se enfrentan a una tormenta perfecta de dificultades

La incertidumbre económica generada por las recientes políticas en Washington está impactando de lleno en el sector de las pequeñas empresas, especialmente aquellas ligadas al turismo de aventura y a la utilización de recursos naturales. La volatilidad en los mercados, sumada a las restricciones administrativas, está creando un ambiente de gran preocupación entre los emprendedores.

Según la investigación publicada por The New York Times, Ben Coryell, propietario de Golden Mountain Guides en Golden, Colorado, está experimentando un descenso significativo en las reservas para sus cursos de escalada y expediciones de montañismo durante el verano. La razón principal, según los clientes, reside en la cautela ante grandes gastos debido a la inestabilidad económica provocada por los aranceles impuestos por la administración Trump.

La situación de Coryell refleja un panorama más amplio. A la incertidumbre económica se suman los retrasos en la tramitación de permisos por los recortes de personal en el Servicio de Parques Nacionales, un factor crucial para su negocio. Esta demora no solo limita su capacidad operativa en rutas populares, sino que también genera el temor de un aumento en la actividad de operadores sin licencia, dada la menor presencia de guardaparques en la zona. La industria del turismo de aventura, que generó $887 mil millones en ingresos a nivel global en 2023, depende en gran medida de la gestión eficiente de los permisos y la seguridad en las áreas naturales.

Coryell, al igual que muchos otros empresarios, se enfrenta a decisiones difíciles. Por ahora, ha evitado despidos, pero la posibilidad de tener que reducir su plantilla es cada vez más real. El sector de guías de montaña en Colorado, que emplea a cientos de personas, podría verse seriamente afectado si la situación persiste.

Natalie Madeira Cofield, directora ejecutiva de la Association for Enterprise Opportunity, subraya la magnitud del problema. Para las pequeñas empresas, con menos de 10 empleados, esta coyuntura se asemeja a un “tornado”. La congelación de fondos, los recortes de personal en agencias federales y las políticas migratorias restrictivas, junto con los aranceles, están sumiendo a muchos en la incertidumbre, dificultando la planificación a futuro.

Cabe recordar que el índice de confianza de las pequeñas empresas ha experimentado un descenso constante en los últimos meses, reflejando la preocupación generalizada por la evolución de la economía. La incertidumbre regulatoria y la volatilidad de los mercados internacionales complican la toma de decisiones y frenan la inversión.

La situación actual plantea un desafío para la resiliencia de las pequeñas empresas, que son el motor de la economía local en muchas comunidades. La búsqueda de un “status quo saludable”, como menciona Coryell, se antoja complicada en un entorno de cambios constantes y políticas económicas inciertas.