Ricardo Palma, escritor del siglo XIX, conocido por pocos e ignorado por muchos. Escribió las famosas Tradiciones peruanas, donde recoge anécdotas de la historia, personajes reales, refranes populares. Propuso una manera divertida de contar la historia del Perú. Creó, genialmente, un género literario, que no es cuento ni leyenda, menos historia: la tradición, fusión de verdad histórica y ficción literaria. Ricardo fue un “gran oidor” de relatos orales de gente dicharachera, habladora, ancianos memoriosos y elocuentes, quienes conservaban parte de la historia colonial de virreyes, aristócratas, balcones, fiestas fastuosas, mujeres de saya y manto, primeros brotes de independencia y los primeros años de la república con caudillos y anarquía. Con ese valioso insumo, más la destreza literaria, escribió cientos de tradiciones. Yo tengo en el estante, como un trofeo de oro, la edición Tradiciones peruanas completas, edición y prólogo de Edith Palma, nieta de don Ricardo, siete apéndices, selección de cartas de Palma, editorial Aguilar, Madrid, 1964. Este libro lo compré en un estand del jr Quilca, Lima. Esta edición tiene 1783 páginas; además cuenta con un índice onomástico general, índice alfabético de títulos de las Tradiciones peruanas e índice por series que suman 10. En total el libro contiene más de quinientas tradiciones.
Es “pecado literario” del ciudadano medianamente lector es desconocer algunas tradiciones de Ricardo Palma. Don Dimas de la Tijereta (astucia de un escribano lujurioso y venal), un virrey hereje y un campanero bellaco (ridiculización de un virrey donjuán), Los tesoros de Catalina Huanca (misterios de la fortuna convertida en leyenda y obsesión de cazafortunas), ¡Al rincón! ¡Quita calzón! (castigo físico y humillante para estudiantes distraídos y holgazanes), El Demonio de los Andes (aventuras y proezas de Francisco de Carbajal), Historia de un cañoncito (anécdota del presidente Ramón Castilla ante una petición de trabajo), Los ratones de Fray Martín (pericote, gato y perro comen del mismo plato de comida), Los tres motivos del oidor (respuesta temblorosa del oidor Zárate a Francisco de Carbajal), Los incas ajedrecistas (habilidad de Atahualpa para aprender y jugar como experto ajedrecista en Cajamarca), El alacrán de fray Gómez (conversión de un alacrán en un valioso dije), Ricardo Palma dedicó tradiciones a Huánuco: Las genialidades de la Perricholi (Micaela Villegas), Loco o patriota (Gabriel Aguilar Narvarte), Un montonero (Leoncio Prado), ¡Feliz barbero (Fermín Gorrochano), Poetisa anónimas (Amarilis).
Según Resolución Viceministerial n.º 084-2019-VMPCIC-MC (02/05/2019) se declara a la primera edición de seis tomos de las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma, escritas entre 1893 y 1910, Patrimonio Cultural de la Nación, amparado en el artículo 21 de la Constitución Política del Estado. Ricardo Palma, el Bibliotecario Mendigo, tuvo una activa participación en la cultura, la historia y la política del Perú del siglo XIX.
Virgilio López Calderón, el gran cronista”, es el exacto equivalente de Ricardo Palma en Huánuco. Las crónicas de Virgilio representan la más elevada expresión de la identidad cultural, rescate del Huánuco del ayer, barrios y calles antiguas que aún sobreviven, personajes, costumbres, lenguaje huanuqueño. Escribió más de cincuenta crónicas, más de cincuenta mil ejemplares editados. Así que en la biblioteca familiar de los huanuqueños siempre habrá un libro de crónicas de Virgilio. El miércoles 5 de junio de 2019 hubiera cumplido 83 años. Las crónicas de Virgilio nos embriagan de nostalgia y militancia por el Huánuco del ayer, ese Huánuco que ya no existe, pero que vive inmortal en la memoria.
Virgilio escribió célebres crónicas: Ishaco Molero (jinete que transita como un Quijote por el valle del Huallaga), Rupico (agüero sordomudo con ingenuidad sentimental), A la gandola (intríngulis verbal sobre un malentendido judicial), La Runtuca (alcahueta huanuqueña como Ña Catita, Trotaconventos, Celestina), Cuy Gallina (jalador de incautos para trabajar en las haciendas), Churrias (relato de romance sincero amenazado por un intruso militar a principios del siglo XX, en la hacienda Churrias, Ambo), Gaucho Besada (travesuras y picardías de niñez y adolescencia), La Cruz Blanca (duelo que da origen al nombre de la capilla en última cuadra del jr. Dos de Mayo, frente al Puente Joaquín Garay.
Las crónicas de Virgilio López Calderón deben ser resolutivamente declaradas patrimonio cultural de la región Huánuco, el compromiso institucional para publicar una selección de crónicas para mayor difusión e incorporación obligatoria en el plan lector de los estudiantes de EBR. Virgilio vivirá siempre mientras leamos sus crónicas. Virgilio fue reconocido y condecorado muchas veces en vida. No hay un escritor huanuqueño que tenga la memoria prodigiosa, afecto oceánico, los oídos solícitos al relato popular, mayor o igual, que la que tuvo don Virgilio. ¿Quién será el sucesor de Virgilio López escritor y ciudadano honorable?



