Otra “megaobra” del exalcalde Jesús Giles: el estadio Heraclio Tapia también resultó ser otro engaño. Giles y compañía instalaron butacas de tan mala calidad que, a los pocos meses, algunas de ellas empezaron a deteriorarse. Fueron 25 000 butacas las instaladas, incluso en la tribuna de popular. Actualmente, son 7500 butacas estropeadas. En corto tiempo, los asientos o butacas de plástico se han destruido con rapidez. Ya el año pasado demostramos con fotografías su desastroso estado. Son de tan mala calidad que no soportan el calor ni el frío; sin embargo, el alto precio que se pagó por ellas deja muchas interrogantes acerca del producto obtenido.
Normalmente, los estadios en el mundo son hechos con seriedad, pensando en la juventud y la población deportivas y no con intereses subalternos mezquinos que perjudican al Estado, que somos todos, porque pagamos nuestros impuestos. Los grandes estadios del mundo tienen larga vida porque están construidos con buen criterio, profesionalmente, y no se compra basura haciéndola pasar por nueva porque nunca sería aceptado. Lamentablemente aquí, todo es corrupción. Los “vivos” aprovechan cualquier oportunidad para sacar su tajada.
Interesantemente, en el colmo de la desvergüenza, los involucrados en estos actos de corrupción persisten en presentarse a las próximas elecciones para seguir haciendo de las suyas y gozar de la mamadera impunemente.
La mejor demostración de la mala construcción realizada, es cómo el techo del estadio se levantó de sus bases con un ventarrón. Quedó colgando de la misma estructura y, afortunadamente, no aplastó a nadie. Según manifestaron, las autoridades municipales y, que fue corroborado por el Ing. José Chocano Cavalíe, es que las butacas fueron un engaño y seguro que, en un par de años, no quedará ninguna que sirva.
Increíblemente, se llenaron de butacas en las tribunas populares, donde los aficionados y las barras saltan, suben y bajan pisándolas, lo cual acelera su deterioro. Como si fuera la octava maravilla, el Heraclio Tapia se llenó de asientos de plástico reciclado que recogen de los basurales.
Lamentablemente, tanto el estadio como la obra del drenaje son la mejor carta de presentación de Giles. Las calles de Huánuco huelen a cloaca por la pestilencia que sale de los drenajes.



