La Vuelta ciclista, ante las manifestaciones antiisraelíes, cancela la llegada de la etapa final en Bilbao.

La undécima etapa de la Vuelta a España 2025, que debía concluir en Bilbao, se vio abruptamente interrumpida debido a las intensas protestas de cientos de aficionados. La manifestación, motivada por la presencia del equipo Israel Premier-Tech en la competición, evidenció un palpable apoyo a la causa palestina, escalando hasta el punto de forzar la suspensión de la carrera a escasos tres kilómetros de la meta. La magnitud de la situación impidió la designación de un ganador y la consecuente ceremonia del podio, empañando una jornada que prometía ser un espectáculo deportivo de primer nivel. La pasión del público vasco por el ciclismo, reconocida internacionalmente, se transformó en un escenario de tensión palpable, con incidentes que incluyeron invasión del recorrido y lanzamiento de objetos a los corredores. Este evento ocurre en un contexto de creciente atención mediática sobre la participación de equipos israelíes en eventos deportivos internacionales, con llamados a boicots y manifestaciones similares en otras competiciones. La suspensión se produjo tras una serie de incidentes que pusieron en riesgo la seguridad de los corredores.

Según el reportaje de El País, la pasión por el ciclismo en Bilbao es comparable a la devoción por el Athletic Club, arraigada en la historia y la geografía de la región. Previo al inicio de la etapa, ya con el pelotón en marcha, un grupo de manifestantes portando pancartas con el lema “Palestina Askatu” detuvieron brevemente la carrera, demostrando la fuerte carga política que acompañaba la jornada. Esta acción, no autorizada por la organización, fue resuelta pacíficamente en cuestión de segundos.

Los incidentes se intensificaron durante los pasos por meta, obligando a la Ertzaintza a intervenir para contener a los manifestantes que intentaban acceder al recorrido. Empujones, enfrentamientos y el lanzamiento de octavillas marcaron el ambiente. Kiko García, director técnico de la Vuelta, describió la situación como “incontrolable”, revelando que la organización consideró la posibilidad de solicitar la renuncia del equipo Israel Premier-Tech a la competición. La decisión final recae en el equipo y la UCI. Las declaraciones de ciclistas como Carlos Verona (Lidl-Trek) apuntan a la necesidad de una intervención de la UCI para evitar que este tipo de incidentes se repitan, mientras que Joan Bou (Caja Rural) y Castrillo (Movistar) expresaron su preocupación por la seguridad durante la etapa.

La escuadra Israel Premier-Tech, consciente de la situación, había retirado cualquier referencia a Israel de sus vehículos y uniformes, manteniendo visible únicamente la estrella de David como símbolo distintivo. El equipo cuenta con medidas de seguridad especiales, incluyendo escolta policial durante la carrera y en los hoteles. Kiko García expresó su preocupación no solo por la seguridad del equipo israelí, sino también por la de los demás participantes. Insistió en la necesidad de encontrar un equilibrio entre el derecho a la protesta y la integridad de la competición. El incidente pone de manifiesto la creciente politización del deporte. La etapa también estuvo marcada por los intentos fallidos de Landa, Almeida y Pidcock por superar a Vingegaard, pero la atención mediática se centró inevitablemente en las protestas pro-Palestina.