La Vuelta a España, en jaque por manifestaciones pro-Palestina: ciclistas, temerosos.

La Vuelta a España se ve empañada por una creciente ola de protestas. El ambiente en la 17ª etapa, iniciada en O Barco de Valdeorras bajo una persistente llovizna, reflejaba la tensión palpable. El despliegue de autocares se desarrollaba con normalidad, aunque la seguridad reforzada en torno al equipo Israel-Premier Tech evidenciaba la preocupación existente. Incidentes como el lanzamiento de tomates al autobús y altercados nocturnos en los hoteles han elevado la inquietud entre los participantes. Estas manifestaciones se enmarcan en un contexto de activismo pro-Palestina, coincidiendo con el reconocimiento por parte del Gobierno español de posibles actos de genocidio en la Franja de Gaza. Es importante recordar que la Vuelta a España, más allá de la competición deportiva, es un evento que atrae a miles de espectadores y genera un impacto económico significativo en las regiones que atraviesa.

Palabra clave principal: Seguridad

La escalada de incidentes ha llevado a los ciclistas a expresar su temor por la seguridad en la carrera, según el reportaje de El País. “…según la investigación publicada por El País”, las protestas, dirigidas contra Sylvan Adams, propietario del Israel-Premier Tech, por su apoyo al gobierno israelí, han trascendido el ámbito de la manifestación pacífica.

El temor se ha intensificado debido a incidentes como el lanzamiento de cristales, chinchetas y clavos en zonas neutralizadas, así como el intento de cortar la carretera con la tala de un árbol. La “necesidad de priorizar la seguridad” ha llevado a la organización a adelantar el final de etapas, como ya ocurrió en Bilbao. Las fuerzas de seguridad, aunque presentes, operan con restricciones, limitando su capacidad de acción. Ante esta situación, se ha reforzado la presencia policial en cada etapa, incluyendo la movilización de unidades especializadas como la Unidad de Intervención Policial (UIP). Para la etapa final en Madrid, se prevé un despliegue masivo, comparable al de la Cumbre de la OTAN, con el objetivo de garantizar la seguridad del evento. El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha apelado a la “calma, buen hacer y sensibilidad” para asegurar el desarrollo normal de la competición.

El pelotón, unido ante la “creciente inseguridad”, ha emitido un ultimátum: si los incidentes persisten, detendrán la carrera. Esta decisión, tomada por representantes de cada equipo, refleja la gravedad de la situación y la determinación de los ciclistas de priorizar su integridad física. A pesar del miedo y la incertidumbre, los equipos entienden que Israel tiene derecho a participar en la competición, pero exigen garantías de seguridad. Incidentes como la caída de Javier Romo, ciclista del Movistar, tras ser asustado por un manifestante, han generado indignación y han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los corredores. Se calcula que el impacto económico de la Vuelta a España supera los 100 millones de euros, y la interrupción de la carrera tendría graves consecuencias para la economía local y la imagen del país. Los equipos solicitan información anticipada sobre posibles incidentes y reconocen la complejidad de la situación para la organización, especialmente ante eventos imprevistos. A pesar de la tensión, el humor y las bromas sirven como válvula de escape para los ciclistas, que intentan mantener la calma en medio de la “creciente preocupación”.