La vocación ofensiva del Barcelona compromete su solidez defensiva.

La reciente fecha FIFA encuentra al FC Barcelona inmerso en un mar de dudas, intensificadas tras las últimas actuaciones del equipo. La situación, lejos de mejorar, parece exacerbarse con cada partido, dejando al entrenador Hansi Flick con la difícil tarea de reajustar una plantilla que, aparentemente, adolece de cohesión y, en ciertos momentos, de la intensidad competitiva necesaria. El rendimiento del equipo ha sido objeto de análisis exhaustivo, tanto interno como externo, y las conclusiones apuntan a una necesidad urgente de abordar problemas que van más allá de lo puramente táctico.

Según el reportaje de El País, la problemática del Barcelona se extiende desde la falta de presión en la delantera hasta la desorganización en la línea defensiva, evidenciando una desconexión entre las líneas que compromete el funcionamiento colectivo del equipo. La mencionada fuente hace alusión a un vestuario dividido entre el exceso de individualidades y la falta de un sistema de juego que potencie las virtudes de cada jugador.

“La bronca de Flick” en el vestuario tras el empate ante el Rayo Vallecano, motivada, entre otras cosas, por el incidente del penalti entre Raphinha y Lamine Yamal, habría sido el preludio de una serie de tensiones internas que han afectado el rendimiento del equipo. En este sentido, “la salida de Iñigo Martínez” al Al-Nassr, un jugador clave para Flick, ha supuesto un duro golpe para la defensa, dejando un vacío que el técnico alemán no ha logrado llenar, probando diferentes combinaciones de centrales sin encontrar la solidez deseada.

El reportaje destaca la dificultad de Araujo para adaptarse al estilo de Flick, así como la falta de intensidad en la presión ejercida por delanteros como Lewandowski, cuyo rendimiento en el juego colectivo ha disminuido. “Las estadísticas” revelan que el Barcelona encaja una media de 1,2 goles por partido, un dato similar al de la temporada anterior, a pesar de que recibe menos remates. La derrota ante el Sevilla por 4-1, la primera por tres goles en Liga desde 2015, ha encendido las alarmas, obligando a una reflexión profunda sobre el presente y futuro del equipo. A esto se añade la lesión de Joan García, portero del filial.