La vida y muerte de Alberto Fujimori: Cómo el exdictador peruano transformó y dividió al país

El expresidente Alberto Fujimori falleció el 11 de septiembre de 2024, a los 86 años, en la casa de su hija Keiko Fujimori en San Borja, Lima. Tras haber recuperado su libertad a finales de 2023, gracias a la reactivación de un indulto humanitario otorgado en 2017, Fujimori pasó sus últimos días rodeado de su familia. La noticia de su muerte fue confirmada por sus cuatro hijos, quienes, a través de la cuenta de X de Keiko, solicitaron oraciones por el descanso de su alma.

Un legado polémico

Fujimori llegó al poder en 1990, venciendo en las elecciones al escritor Mario Vargas Llosa. Su gobierno, que duró una década, estuvo marcado por medidas económicas neoliberales que estabilizaron la economía peruana, afectada por una hiperinflación heredada del gobierno de Alan García. Sin embargo, su mandato también es recordado por la corrupción generalizada, violaciones de derechos humanos y la disolución del Congreso en 1992, conocida como el autogolpe.

El 5 de abril de 1992, Fujimori, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, cerró el Congreso de la República e intervino el Poder Judicial y el Tribunal de Garantías Constitucionales. A partir de ese momento, comenzó a concentrar el poder en el Ejecutivo, un régimen que, si bien permitió la captura del líder terrorista Abimael Guzmán y la caída de Sendero Luminoso, también derivó en graves abusos contra la población civil. Fujimori fue reelegido en 1995 tras estabilizar la economía, pero su segundo mandato estuvo plagado de escándalos de corrupción.

Crímenes y condenas

En 2009, la justicia peruana condenó a Alberto Fujimori a 25 años de prisión por homicidio calificado con alevosía y secuestro agravado, debido a su responsabilidad en las masacres de Barrios Altos y La Cantuta. Estos crímenes fueron perpetrados por el Grupo Colina, un escuadrón de la muerte del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), dirigido por su asesor Vladimiro Montesinos. Las masacres, que dejaron más de una docena de víctimas, incluyeron el asesinato de estudiantes y profesores, y son consideradas crímenes de lesa humanidad.

Además de estos crímenes, Fujimori fue encontrado culpable de la apropiación indebida de fondos estatales y del pago ilegal de 15 millones de dólares a Montesinos como compensación por su retiro. También se le condenó por el espionaje a periodistas y políticos, la compra de medios de comunicación y la manipulación de congresistas tránsfugas para garantizar su permanencia en el poder.

Un indulto polémico

En diciembre de 2017, el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) otorgó a Fujimori un indulto humanitario argumentando que sufría una enfermedad degenerativa e incurable. Esta decisión provocó indignación en amplios sectores de la sociedad, que consideraban que el exmandatario debía cumplir su condena por las graves violaciones a los derechos humanos cometidas bajo su régimen.

La Corte Suprema anuló dicho indulto en 2018, argumentando que no cumplía con los estándares legales. Sin embargo, en diciembre de 2023, el Tribunal Constitucional restableció la gracia presidencial y ordenó su liberación, un fallo que reavivó el debate sobre la impunidad y la justicia en Perú.

El ocaso de su salud

Fujimori había enfrentado serios problemas de salud durante sus últimos años, incluidos un cáncer de lengua que lo afectaba desde hacía una década, así como complicaciones cardíacas y una fractura de cadera que deterioró aún más su condición. Según su médico personal, el oncólogo Juan Carlos Gutiérrez, el exmandatario había recibido tratamiento de quimioterapia y radioterapia, aunque el cáncer se había extendido a sus pulmones.

A pesar de la gravedad de su estado, Fujimori expresó en varias ocasiones su deseo de continuar luchando contra la enfermedad, aunque sus últimos días estuvieron marcados por dificultades respiratorias y un estado de inconsciencia. Finalmente, falleció alrededor de las 18:00 horas del 11 de septiembre de 2024, según informó su familia.

Las exequias de un expresidente condenado

Tras su fallecimiento, el gobierno de Dina Boluarte anunció que seguiría los protocolos establecidos para rendir honores de Estado a Fujimori, de acuerdo con el Decreto Supremo N.096-2005-RE, que regula el tratamiento ceremonial a exmandatarios. Esto incluye la izada de banderas a media asta y un duelo oficial durante el día de su inhumación. A pesar de haber sido condenado por crímenes de lesa humanidad, la normativa no excluye a exmandatarios que hayan roto el orden democrático.

Keiko Fujimori, quien confirmó la noticia del fallecimiento de su padre, anunció que el velorio sería público y se llevaría a cabo en el Museo de la Nación a partir del 12 de septiembre, permitiendo a sus seguidores despedirse hasta el sábado 14, antes de que el cuerpo del exmandatario sea enterrado en el cementerio Campo Fe de Huachipa.

División de opiniones

La muerte de Fujimori ha generado reacciones encontradas en la sociedad peruana. Mientras sus seguidores lo recuerdan como el líder que acabó con el terrorismo y estabilizó la economía del país, sus detractores subrayan los graves abusos de derechos humanos y la corrupción durante su mandato. La congresista de izquierda Sigrid Bazán fue una de las voces más críticas, señalando que Fujimori murió sin haber pedido perdón ni cumplir con las reparaciones civiles por sus crímenes.

Por otro lado, figuras del fujimorismo, como la exministra de la Mujer Luisa María Cuculiza y la ex presidenta del Congreso Martha Chávez, defendieron su legado, pidiendo que se ponga fin al “odio” y recordando los logros de su gobierno. Chávez incluso llegó a calificarlo como “el mejor presidente en la historia del Perú”, una visión compartida por millones de seguidores que ven en Fujimori a un héroe que salvó al país del terrorismo y la crisis económica.

Un gobierno autoritario

A pesar de su popularidad entre ciertos sectores de la población, el legado de Fujimori está inextricablemente ligado a su autoritarismo. Su gobierno concentró el poder en el Ejecutivo, disolvió las instituciones democráticas y utilizó el aparato del Estado para silenciar a la oposición y perpetuarse en el poder. La privatización masiva de empresas públicas generó beneficios económicos, pero también alimentó una red de corrupción que enriqueció a sus aliados más cercanos, incluido Montesinos.

La difusión de los “vladivideos”, grabaciones en las que Montesinos sobornaba a políticos y empresarios, precipitó la caída de Fujimori en 2000. Luego de huir a Japón, presentó su renuncia a la presidencia por fax, lo que marcó el final de una década de gobierno que dejó profundas cicatrices en la historia del Perú.

Dato:

Alberto Fujimori es una figura divisiva en el Perú. Para algunos, su lucha contra el terrorismo y la estabilización económica lo convierten en un líder eficaz; para otros, su gobierno autoritario, marcado por violaciones de derechos humanos y corrupción, representa una de las épocas más oscuras del país. Con su muerte, el debate sobre su legado está lejos de resolverse, dejando una huella indeleble en la historia contemporánea del Perú.