La UE impone nuevas sanciones a Rusia y veta Nord Stream

La estrategia de la Unión Europea para presionar a Rusia se intensifica con un nuevo paquete de sanciones, el décimo octavo desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania. La iniciativa, encabezada por la Comisión Europea, busca asfixiar financieramente al Kremlin, golpeando sectores clave como el energético y el bancario, en un intento por forzar a Vladimir Putin a la mesa de negociación. Este movimiento se produce en un contexto internacional marcado por el estancamiento de las conversaciones de paz y una creciente presión para encontrar una solución diplomática al conflicto.

Según la investigación publicada por The New York Times, las medidas propuestas, que aún deben ser aprobadas por los estados miembros, incluyen prohibiciones a las transacciones relacionadas con los gasoductos Nord Stream, buscando cortar el flujo futuro de energía rusa hacia Europa, así como una reducción en el precio máximo al que se puede comprar gas ruso en los mercados globales, con el objetivo de mermar los ingresos de Moscú.

Además, el paquete de sanciones apunta directamente a entidades bancarias rusas y a la denominada “flota fantasma”, compuesta por buques cisterna antiguos, a menudo registrados en terceros países o sin registro alguno, que Moscú utiliza para transportar y vender petróleo de manera encubierta, evadiendo las sanciones energéticas. Se prevé que una nueva lista negra incluya un lote adicional de embarcaciones implicadas en estas prácticas. En los últimos meses, se ha observado un incremento en la actividad de esta flota, especialmente en el Mar Báltico, complicando los esfuerzos por rastrear y sancionar a los infractores.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha reiterado la necesidad de una paz para Ucrania, enfatizando que la presión sobre Rusia debe incrementarse, dado que, según su perspectiva, la fuerza es el único lenguaje que el Kremlin comprende. La líder europea ha insistido en que el fin de la guerra debe alcanzarse mediante un “alto el fuego real” y una “propuesta seria” por parte de Rusia.

Un elemento central de las nuevas sanciones es la revisión del precio máximo del petróleo ruso, que pasaría de 60 a 45 dólares por barril. Esta medida se justifica por la caída de los precios del petróleo desde la adopción inicial del tope en 2023, buscando restablecer el impacto original sobre los ingresos rusos. La propuesta será discutida en la próxima reunión del G7 en Canadá, dado que el tope al precio del petróleo es una iniciativa del Grupo de los Siete.

Si bien la eficacia de las sanciones ha sido objeto de debate, los funcionarios europeos insisten en que están teniendo un impacto tangible en la capacidad de Rusia para financiar la guerra. La economía rusa experimentó una fuerte contracción en 2022, aunque posteriormente se recuperó, en parte gracias al aumento del gasto militar y la diversificación de sus mercados, especialmente hacia China. A pesar de ello, la Unión Europea reafirma su compromiso de intensificar las sanciones para debilitar aún más la economía rusa y, en última instancia, forzar a Moscú a buscar una solución pacífica al conflicto.

Kaja Kallas, alta funcionaria de la UE, ha señalado que los recientes esfuerzos para combatir la “flota fantasma” rusa están empezando a dar resultados, con más de 300 buques ya sancionados por el bloque europeo. El nuevo paquete de sanciones añadiría 77 buques adicionales a esta lista, reflejando la constante adaptación de las autoridades para contrarrestar las tácticas de evasión de Rusia. Ignacy Niemczycki, viceministro de Asuntos Europeos de Polonia, describió la situación como una “carrera del gato y el ratón”, donde la Unión Europea continuamente añade buques a la lista negra, mientras Rusia busca nuevas formas de eludir las sanciones.