La tributación digital global

César Augusto kanashiro Castañeda
La digitalización se ha convertido en una fuerza transformadora en la relación moderna entre la administración tributaria y los contribuyentes. Este concepto se refiere al uso de tecnologías digitales para mejorar la eficiencia, transparencia y equidad de los procesos de recaudación de impuestos. En una era cada vez más digital, la importancia de la tecnología en los sistemas fiscales no puede subestimarse. Se puede definir la transformación digital como la integración de la tecnología digital en todas las áreas del negocio de una organización, lo que resulta en cambios fundamentales en sus operaciones y en cómo crea valor.

Por ello, un marco de identidad digital es esencial para facilitar la integración fluida de los sistemas públicos y privados con los utilizados por las AATT y los contribuyentes. Estas conexiones pueden ser interacciones humanas, lo que permite a los individuos acceder a portales de autoservicio seguros o manifestarse a través de aplicaciones autorizadas de máquina a máquina.

De hecho, la digitalización está liderando una transformación en las administraciones tributarias (AATT), lo que lleva a una mayor eficiencia operacional y prestación de servicios. Las AATT están enfrentando una serie de desafíos significativos derivados del aumento de la población, la evolución de las dinámicas económicas, la proliferación de pequeñas y medianas empresas y la creciente complejidad de las leyes fiscales. Para transitar este panorama en evolución, las AATT deben adaptarse y aprovechar las oportunidades que presenta la digitalización, particularmente en sus esfuerzos por luchar contra el fraude y la evasión y facilitar el cumplimiento fiscal. Además, la digitalización puede mejorar la transparencia y la confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas y los gobiernos.

Para adoptar la digitalización, el reconocimiento de estos enfoques divergentes subraya la necesidad de una metodología de evaluación integral, como el Índice de Madurez Digital (IMD), que pueda acomodar estas diferencias y guiar a las autoridades fiscales en sus procesos de transformación digital. El IMD no solo permite la evaluación del progreso de una administración tributaria específica en un momento dado, sino que también sirve como una hoja de ruta para que las autoridades de recaudación avancen en el proceso de transformación digital de sus respectivas AATT.

Organizaciones internacionales como la OCDE, la Organización Intra-Europea de Administraciones Tributarias (IOTA), el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT) y el BID han identificado y documentado mejores prácticas en el uso de tecnología y procesos de información para la recaudación de impuestos. Estas mejores prácticas se basan en principios clave, que incluyen ingresar datos en el sistema solo una vez (data-only-once), gestión centralizada de datos para varios productos y servicios (fuente única de verdad), almacenamiento y transmisión de datos digitales (sin papel), y recepción y procesamiento de datos en tiempo real.

En la actualidad se ha producido un cambio significativo, ya que la mayoría de las AATT recibe el 100% de sus declaraciones fiscales en línea, y el pago de impuestos se realiza también digitalmente. Además, se ha adoptado ampliamente la facturación electrónica y los sistemas de nómina electrónica. El desafío actual es proporcionar declaraciones prellenadas, devoluciones de impuestos inmediatas e IVA personalizado, con el objetivo de simplificar el cumplimiento tributario para los contribuyentes.

Siendo la identidad digital1 es una base fundamental para una futura administración tributaria transparente. No obstante, el hecho de que los sistemas electrónicos de identificación y autenticación individual no estén muy extendidos en los países en desarrollo restringe la digitalización de muchos servicios. Como consecuencia, surgieron monopolios entre entidades intermediarias que proporcionan confianza entre las partes que interactúan (a saber, firma electrónica). Sin embargo, estos servicios son pagados en su mayoría por los contribuyentes y a veces son costosos, lo que constituye una barrera para expandir el uso de la identidad digital para la protección de datos y la privacidad individual.

La identidad digital va más allá del simple establecimiento de confianza en conexiones remotas. Más bien se trata de un requisito previo para las interacciones seguras y confiables vitales para la tributación moderna. Además, abarca un espectro de atributos y credenciales que atraviesan procesos personales y oficiales, así como varios roles, como contribuyentes individuales o representantes comerciales.

Por lo tanto, un marco de identidad digital es esencial para facilitar la integración fluida de los sistemas públicos y privados con los utilizados por las AATT y los contribuyentes. Estas conexiones pueden ser interacciones humanas, lo que permite a los individuos acceder a portales de autoservicio seguros o manifestarse a través de aplicaciones autorizadas de máquina a máquina.