La tormenta que despertó a Huánuco

La tormenta eléctrica y la lluvia torrencial que azotaron recientemente a Huánuco han dejado una lección clara y urgente: la necesidad de actuar en tareas de prevención con responsabilidad y planificación. Las calles inundadas, las casas arrastradas por la corriente y la destrucción en los distritos más vulnerables, como Amarilis, son un recordatorio de los riesgos latentes que enfrenta nuestra ciudad debido a la falta de previsión.

El colapso de una quebrada en Amarilis, que arrasó con vehículos y viviendas mal construidas, evidencia un problema estructural que va más allá del clima. A lo largo de los años, se han levantado casas sin cimientos adecuados, sin permisos municipales y, lo más alarmante, en cauces naturales. Esto refleja no solo la necesidad de mayor fiscalización, sino también de una gestión responsable por parte de las autoridades locales, que han permitido estas construcciones irregulares.

Pero no solo las quebradas despertaron esa noche: los truenos también sacudieron la inacción de nuestras autoridades. Mientras las oficinas municipales y regionales permanecen sumidas en la burocracia y el letargo, el pueblo demanda soluciones. Apenas días antes, el paro del 13 de noviembre ya había puesto sobre la mesa las carencias urgentes: maquinaria para emergencias, limpieza de quebradas y mejora de las vías de comunicación. Sin embargo, los compromisos asumidos por los gobiernos parecen seguir encerrados en promesas y papeles.

Es hora de reconocer que Huánuco no puede permitirse más negligencia. Estamos rodeados de cerros que, aunque pintorescos, se convierten en amenazas cuando las lluvias los erosionan y arrastran barro, piedras y destrucción. Las autoridades tienen el deber de limpiar y reforzar todas las quebradas de la región, no solo las de Moras y Licua. Los vecinos, por su parte, deben entender que construir sin licencias y precauciones pone en riesgo sus vidas y las de sus comunidades.

El llamado de esta tormenta debe ser también una invitación al cambio. Huánuco necesita avanzar hacia una nueva etapa de progreso en la que autoridades y ciudadanos trabajen juntos. Esto implica dejar de lado divisiones y resentimientos para priorizar la infraestructura, la educación y la salud. Nuestras calles llenas de baches y nuestras instituciones mal equipadas no solo afectan la calidad de vida de los huanuqueños, sino que también limitan nuestras posibilidades de desarrollo turístico, comercial y agrícola.