La Santa Semana

Por: Andrés Jara Maylle
“Este Jueves y Viernes Santo, cuidado, hijo, con arrear a pedradas al Sapo y al Muro, nuestras únicas yuntas que nos quedan; cuidado con agarrar a patadas al carnero Pichicho, o a la Floripondia, nuestra cabra mañosa que solo quiere comer alfalfa tierna; cuidado con andar pisoteando a los sapos que tempranito, en la madrugada, suben desde el río para alimentarse de los mosquitos o zancudos que abundan en la pampa; cuidado con andar levantando las piedras o los troncos viejos para aplastar a los grillos que en las tardes, cuando está anocheciendo, se ponen a cantar como si tuvieran la buena voz de la Flor Pucarina; cuidado con aprovechar mi ausencia para agarrar a los pollitos recién salidos de su cascarón y meterlos en el agua para que naden como los patos; cuidado con aventar al estanque al gato Mostrenco que odia al agua desde su nacimiento, para saber si pueden salir a la orilla nadando como los perros; cuidado con jebear a las palomas que descansan en el molle, junto al río, o a los gorriones que vienen a comer las semillas de las yerbas, y ni siquiera al taurigaray, esa ave malagracia que anda buscando arañas y otros insectos en las arrugas de los troncos viejos; cuidado con esconderte, haciéndote al cojudo, debajo de la cabuya para tumbar a jebazos a los picachitos que llegan hasta la punta del maguey para chupar la miel de sus flores; cuidado con jalar por gusto las orejas de los perros Tintilín, Tigre y Florcita hasta que estos aúllen de dolor y corran a esconderse debajo de la cama vieja en donde ya nadie duerme; cuidado, hijo, con andar sacando a los conejitos tiernos y llevarlos al rincón donde la perra Sitruca amamanta a sus cachorritos para que ellos también hagan lo mismo.
Cuidado con insultar con feas palabras a tu primita Donatila, que es tacrita de nacimiento; tampoco debes mear en la pared de nuestro vecino Diosdado Idelfonso pensando que, con el tiempo y a golpe de meadera, serás capaz de tumbar es pared vieja y gruesa construida en tiempos de sus abuelos; cuidado con escupir al pobre Moisés, hombre abandonado por su mujer, sus hijos y Dios quién sabe cuándo.
Cuidado con hacer antojar a tus hermanas tu caramelo o tu chocomel que compras a escondidas de nosotros; cuidado con comerte solito el tarro entero de leche condensada Nestle hasta que te duela tu barriga, menos esconder las sobras en algún rincón de la casa para que sigas comiendo solito al día siguiente; cuidado con botar ramas o alambres en el callejón de la entrada para que se tropiece tu tío Cashico que ya está bastante ciego.
Cuidado, hijo, con comer carne, escondiéndote de tu madre, este Jueves y Viernes Santo porque está prohibido. Porque eso es como comerse la carne de nuestro señor Jesucristo. Este Jueves y Viernes Santo, hijo, no debes hacer nada de lo que te estoy diciendo, porque las pedradas, los insultos, los pisotones, los maltratos que hagas a tu prójimo, a los animales o a las plantas serán maltratos a nuestro mismísimo Jesús que murió crucificado por nosotros hace muchísimo tiempo. Así lo decía hace tantos años ya el señor cura a mis padres, a mis abuelos y a los abuelos de mis abuelos. Y así te lo digo yo ahora para que andes por el camino del bien y no te condenes al fuego del infierno. Qué sería de mí, hijo, si tú, mi único varón, sea un pecador como los muchos que andan por la ciudad sin respeto por nuestro Dios.
Y aún hay más, hijo.
Cuidado con escuchar lo que hablan tus primos mayores como el Tico, el Sucho o el Shipico, ellos ya han conocido el mundo y tienen pecado, pero tú eres un niño, como un angelito limpio. Por eso, ni siquiera se te ocurra tener malos pensamientos cuando vayas a Moras Pampa y pases por la casa de las niñas, ni siquiera mires a las que viven adentro, son gente pecadora.
Porque Semana Santa es para respetar y amar a nuestro Señor Jesucristo, hijo. No es para cometer pecados, de lo contrario te condenarás al infierno donde el demonio te quemará calato por el resto de tu vida”. Así decía mi padre con absoluto convencimiento, a la vuelta de cada año cuando se acercaba la Semana Santa.