La escena registrada en la posta médica de Las Moras no debería sorprender, pero sí indignar. Decenas de personas haciendo cola desde temprano, pacientes con dolencias urgentes sin atención oportuna y un sistema que parece funcionar más por inercia que por criterio sanitario. Cuando un ciudadano con dolor en el pecho espera horas sin saber si será atendido, el problema deja de ser administrativo y se convierte en una amenaza directa a la salud pública.
La queja vecinal no apunta únicamente a la limitación de cupos —que ya de por sí resulta alarmante—, sino a la ausencia total de información y organización. No hay avisos claros, no hay enumeración, no hay turnos definidos. La población espera a ciegas, sometida a la incertidumbre y al desgaste físico, como si la necesidad de atención médica fuera un favor y no un derecho.
Resulta aún más preocupante que, según los testimonios, la capacidad operativa de la posta sea mínima. La presunta falta de médicos, la dependencia casi exclusiva del personal de enfermería y las dificultades para acceder a medicamentos dibujan un panorama precario que contradice el discurso oficial sobre cobertura y acceso a la salud. Estar afiliado al SIS no sirve de mucho si el establecimiento no tiene personal suficiente ni medicinas básicas para atender a sus asegurados.
Las Moras no es un caso aislado. Es el reflejo de un sistema de salud que sigue reaccionando tarde, improvisando y trasladando el costo de su ineficiencia a los ciudadanos más vulnerables. Cuando se obliga a la población a comprar medicamentos fuera del establecimiento o a “esperar un cupo adicional”, se normaliza una atención deficiente que no debería ser aceptada bajo ningún criterio.
La responsabilidad no recae en el usuario que reclama, ni en el personal que hace lo que puede con recursos limitados. La responsabilidad es de quienes dirigen, planifican y administran el sistema de salud. Son ellos quienes deben prever la demanda, garantizar personal suficiente, transparentar los procesos de atención y asegurar el abastecimiento de medicamentos.
La salud no admite colas interminables ni explicaciones tardías. Una posta médica no puede funcionar como una ventanilla burocrática donde se reparte esperanza por cupos. Las autoridades del sector están obligadas a intervenir de inmediato, no solo para corregir lo que ocurre en Las Moras, sino para evitar que esta precariedad siga siendo la norma. Porque cuando la atención médica falla, lo que está en riesgo no es la paciencia de la gente, sino su vida.




