La reunion de primavera del FMI y el Banco Mundial se celebra con los aranceles como tema principal

El inicio de las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) esta semana en Washington se presenta bajo un horizonte económico turbulento, fundamentalmente marcado por las tensiones comerciales a nivel global. La economía mundial enfrenta un periodo de incertidumbre agudizado por las políticas proteccionistas, con especial atención a las medidas arancelarias impulsadas desde la administración estadounidense.

Según la investigación publicada por El Comercio, tanto Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, como Ajay Banga, presidente del BM, han expresado su preocupación ante un panorama donde la volatilidad y la falta de confianza amenazan con frenar el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) a nivel mundial, subrayando la urgencia de alcanzar acuerdos que mitiguen estos efectos.

Las advertencias de Georgieva, en particular, apuntan a una revisión a la baja de las proyecciones económicas globales por parte del FMI, que se plasmará en su próximo informe, el World Economic Outlook (WEO). Si bien la directora gerente descartó una recesión generalizada, sí anticipó ajustes al alza en las previsiones de inflación para ciertos países, señalando un delicado equilibrio que los responsables políticos deben navegar con cuidado. Estos desafíos surgen en un momento en que la deuda global alcanza niveles sin precedentes, superando los 307 billones de dólares a finales de 2023, según datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).

Esta semana, el FMI no solo revelará su WEO, sino que también presentará el Monitor Fiscal y el Informe de Estabilidad Financiera Global. Este último documento será clave para evaluar la salud del sistema bancario internacional, en un contexto marcado por recientes turbulencias en el sector financiero de algunas economías desarrolladas. Adicionalmente, se espera que el WEO detalle el impacto de las interrupciones en las cadenas de suministro, exacerbadas por las tensiones geopolíticas, en el comercio y el crecimiento global.

Más allá de las cifras y las proyecciones, Georgieva hizo hincapié en la erosión de la confianza como un factor determinante en el panorama económico actual, tanto en la confianza en el sistema internacional como en las relaciones entre países. Esta falta de confianza, alimentada por la incertidumbre en la política comercial, añade un componente de riesgo que dificulta aún más la toma de decisiones y la planificación a largo plazo por parte de empresas e inversores. El panorama se complica con el aumento de conflictos armados a nivel mundial, que no solo generan sufrimiento humano, sino que también desestabilizan las economías y dificultan el comercio internacional.

El Banco Mundial, por su parte, ha centrado su estrategia en la creación de empleo como pilar fundamental para combatir la pobreza. Banga ha advertido sobre el desafío que supone la incorporación de 1.200 millones de jóvenes al mercado laboral en los países en desarrollo durante la próxima década, frente a una previsión de creación de empleo significativamente inferior. Esta situación, sumada a las políticas proteccionistas, podría generar tensiones sociales y económicas adicionales, dificultando el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Finalmente, la reunión de primavera también se desarrolla en un contexto de dudas sobre el compromiso de Estados Unidos con el multilateralismo y su apoyo a instituciones como el FMI y el BM. La revisión de las organizaciones internacionales a las que pertenece y contribuye el país norteamericano genera incertidumbre sobre el futuro de iniciativas clave, como la Asociación Internacional de Fomento (AIF), un fondo del Banco Mundial que proporciona ayuda a los países más pobres. La postura que adopte la administración estadounidense en este sentido será, sin duda, uno de los temas centrales de debate durante estos días.