La minería submarina, un concepto que parecía ciencia ficción hace no mucho, ha dado un paso significativo hacia la realidad. El Departamento del Interior de Estados Unidos ha anunciado que evaluará una solicitud de Impossible Metals, una empresa californiana, para la extracción de metales en el lecho marino frente a las costas de Samoa Americana. Este movimiento se produce en un momento crucial, con la creciente demanda de minerales críticos para tecnologías avanzadas y la geopolítica de las cadenas de suministro globales en constante evolución.
Según la investigación publicada por The New York Times, esta decisión sigue a una orden ejecutiva emitida el mes pasado que instaba a las agencias gubernamentales a acelerar los permisos para la minería en el lecho marino tanto en aguas territoriales estadounidenses como en aguas internacionales, una medida que ha generado controversia dada la falta de un consenso internacional al respecto.
El interés en la minería submarina radica en la presencia de nódulos polimetálicos, formaciones del tamaño de patatas que yacen en el fondo oceánico y contienen minerales valiosos como el níquel, el cobalto y el manganeso. Estos metales son esenciales para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos y otras tecnologías consideradas vitales para la seguridad económica y militar de Estados Unidos. La preocupación por la dependencia de China en las cadenas de suministro de estos minerales ha impulsado la búsqueda de fuentes alternativas.
Sin embargo, la minería submarina enfrenta desafíos técnicos considerables y genera importantes preocupaciones ambientales. Hasta la fecha, no se ha realizado ninguna actividad minera a escala comercial en el lecho marino. Los posibles impactos en los ecosistemas marinos profundos, muchos de ellos aún desconocidos, son motivo de debate entre científicos, conservacionistas y reguladores.
La iniciativa de Impossible Metals se centra en una zona cercana a la frontera marítima de Estados Unidos con las Islas Cook, evitando áreas protegidas, incluso aquellas cuya protección fue revocada por una orden ejecutiva anterior. La compañía argumenta que su tecnología, que consiste en un sistema de recolección selectiva de nódulos sin contacto directo con el lecho marino, minimiza el daño ambiental. Sin embargo, la viabilidad y el impacto real de esta tecnología aún deben ser evaluados.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), un organismo afiliado a las Naciones Unidas, ha estado trabajando durante décadas en la elaboración de un conjunto de normas para regular la minería submarina en aguas internacionales. A pesar de los esfuerzos, no se ha logrado un acuerdo global, lo que genera incertidumbre jurídica y plantea interrogantes sobre la gobernanza de esta actividad emergente. La decisión del Departamento del Interior de Estados Unidos de avanzar con la evaluación del proyecto de Impossible Metals podría acelerar el debate internacional y presionar a la ISA para que finalice sus regulaciones.




