Jorge Gabino González
Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura
Conocida la vinculación que algunos hasta hace poco altos funcionarios del gobierno de Martín Vizcarra habrían tenido con la empresa Odebrecht, y suscitada, asimismo, su consiguiente justificada salida rauda del Gobierno (un poco para deslindar cualquier tipo de probable relación del Ejecutivo con los malos manejos que se atribuirían a los aludidos; y otro tanto, también, por la indudable presión ejercida por la ciudadanía, que no parece estar dispuesta a tolerarle un solo “error” más a nuestra llamada clase política), resultaba inevitable que nos preguntáramos: ¿por qué si para el retiro de tres de los cuatro ministros cuyas cabezas rodaron la semana pasada existiría, y de hecho existe, plena justificación, no sucede lo mismo, sin embargo, con el caso de la exministra de Educación, Flor Pablo, cuya “inclusión” en el grupo de los defenestrados no obedecería a las mismas motivaciones?, ¿por qué las “explicaciones” brindadas por el premier no explicaban, para variar, absolutamente nada?
Y no se trata, por supuesto, de deslizar la idea de que la caída de la extitular de la cartera de Educación careciese en absoluto de razones que la pudieran haber motivado. Es este uno de los sectores más complicados de conducir, todo el mundo lo sabe, lo que evidentemente deriva en que siempre haya cosas que se le puedan cuestionar, y las más de las veces con justa razón, dicho sea de paso. Se hace necesario reconocer, no obstante, que aun cuando había en la gestión de la señora Flor Pablo aspectos por los que se la pudiera objetar en más de un sentido, eran mayores, de lejos, las cuestiones por las que destacaba, por las que hasta cierto punto no se entendía el que se la hubiera reemplazado, sobre todo en el contexto en que esto terminó sucediendo.
Ello porque la defensa irrestricta de la presencia del enfoque Igualdad de Género en el nuevo Currículo Nacional de la Educación Básica, el respaldo incondicional brindado a la Sunedu respecto de su labor fiscalizadora de la calidad de la educación impartida por las universidades y el cierre inmediato de los colegios privados ilegales o que, contando con la respectiva licencia, no estuviesen brindando una educación de calidad, por citar solo algunos de los puntos más relevantes, eran, hechas las sumas y las restas, motivos suficientes para desear que, por lo menos hasta el final del presente Gobierno, se continuase con aquello que la ahora fenecida gestión de la exministra Flor Pablo venía implementando. Porque si hay algo que en los últimos meses ha marcado un antes y un después en el derrotero de la educación peruana, tanto respecto de aquella que concierne a la EBR como a la de carácter Superior, es el hecho de que se hayan estado llevando adelante las antedichas iniciativas.
Pero claro, más de uno ha de estar preguntándose cuán malo podría ser el que salga la ministra tal o el ministro cual responsable de la cartera en cuestión, si demostrado está que, por lo menos en lo que toca a los tres anteriores ministros de Educación que tuvimos desde que se inició el presente Gobierno, se ha continuado, mal que bien, con la implementación de por lo menos las dos primeras medidas. Que es casi lo mismo que nos preguntábamos nosotros también. Hasta que se conocieron las declaraciones de Flor Pablo, quien dio a conocer en reveladora entrevista concedida a La República que su salida del Gobierno obedecería a la intermediación del actual Congreso, el que habría pedido su cabeza como muestra de querer llevar la fiesta en paz, por llamarlo de alguna manera. Así las cosas, el panorama que se nos presentaría sería el siguiente: El de un Gobierno pusilánime, el de un Gobierno maricón, el de un Gobierno papanatas, que preferiría llevarse bien con los grupos ultraconservadores del nuevo Congreso, el mismo que se encuentra ad portas de asumir funciones. Todo con el fin de no comprarse pleitos “gratuitos”; esto es, con el objetivo de no procurarse enemigos antes de tiempo.
Con todo y con ello, hay una cosa que es cierta: será el nuevo Congreso un espacio en el que no tendremos precisamente una discusión alturada por la que lo podamos recordar. Ello porque ha quedado demostrado que existe un considerable número de personas que ven con buenos ojos el que se “revise” todo lo relacionado con el enfoque Igualdad de Género; siempre y cuando, claro está, no se cambie la esencia de los lineamientos establecidos para tales efectos. Pues bien, con la exministra de Educación fuera de juego, y habida cuenta de aquello de que las cosas caen por su propio peso, sería el momento perfecto para que acabáramos desvelando la verdadera razón que llevó al Gobierno a sacarla del cargo: que el Gobierno tiene un miedo pánico a los nuevos representantes del Frepap, que ya habrían comenzado a hacer sentir el peso de su lugar en el Hemiciclo. Lo que pasaría por traerse abajo el enfoque Igualdad de Género. Por lo pronto, ahí tenemos a su primera víctima para dar fe de lo antedicho.



