La preservación del agua de los Andes en Cusco halla su solución en Japu, donde ciencia y saberes ancestrales convergen.

La sabiduría ancestral Q’ero en Cusco rescata bofedales andinos vitales para el agua. Un proyecto ha logrado recuperar más de 20 hectáreas de estos ecosistemas clave, demostrando que la tradición y ciencia pueden asegurar nuestro futuro hídrico.

Marlene Mamani Solórzano, especialista de Conservación Amazónica (ACCA), reveló recientemente cómo la comunidad de Japu, Cusco, revirtió la alarmante degradación de sus bofedales. Este crucial trabajo, iniciado en 2016, ya muestra impresionantes resultados en un territorio que se extiende hasta los 5,200 metros sobre el nivel del mar.

Según la investigación publicada por Caretas, Perú enfrenta una crisis hídrica creciente, con una dramática pérdida de más del 51% de sus glaciares tropicales en los últimos 60 años. Esta situación amenaza a millones de peruanos que dependen del agua andina. La iniciativa en Japu es un faro de esperanza, particularmente relevante para regiones como Huánuco, con sus propias cabeceras de cuenca vulnerables y una vasta población rural.

El dramático retroceso de glaciares: un 51% menos en 60 años

El contexto global es sombrío: el cambio climático, la deglaciación y los incendios forestales están pasando factura. En Perú, que alberga aproximadamente el 70% de los glaciares tropicales del mundo, esta pérdida es devastadora. La comunidad de Japu, considerada el «último bastión inca» y hogar de la nación Q’ero, no ha sido ajena a esta realidad. Aunque abarca unas vastas 34,000 hectáreas con altitudes entre los 1,300 y 5,200 m.s.n.m., incluso aquí la crisis climática y la contaminación por plásticos, detectada a más de 5,000 metros, han afectado gravemente. El proyecto de ACCA, iniciado con estudios socioeconómicos en 2016, confirmó que los bofedales se degradaban a un ritmo acelerado. «Los comuneros nos decían que los bofedales ni siquiera habían cumplido 100 años porque antes eran nevados», relató Mamani, evidenciando el rápido retroceso glaciar. Estos humedales son vitales, ya que almacenan entre un 40% y 50% más carbono que otros pastizales.

¿Es la sabiduría ancestral la clave para asegurar el agua del futuro?

La respuesta en Japu fue integradora. La clave del éxito en esta comunidad, donde cerca del 58.8% de su territorio (casi 20,000 hectáreas) está bajo conservación privada, fue la unión de la ciencia biológica con la milenaria sabiduría ancestral. Mamani enfatizó: «Necesitamos volver a esa sabiduría que todavía está guardada y dormida. En Japu todavía conversan con la madre naturaleza». El plan de manejo fue más allá de los datos técnicos; se basó en la «reconexión» con los Apus (montañas sagradas) y los Auquis (entidades tutelares), entendiendo que el agua, la tierra y el sol poseen energía viva. A través de dinámicas participativas como el «fotovoz», niños y jóvenes de la comunidad, con edades entre los 8 y 16 años, identificaron hasta 2 especies claves para su ecosistema, como la Distichia muscoides y la Plantago rigida. Su conclusión fue clara: «Esa es la vida para nosotros, de eso se alimentan las alpacas», priorizando así qué conservar en sus 7 años de trabajo conjunto.

Un llamado urgente a reconectar con la Pachamama

La profunda conexión cultural de los Q’ero con la naturaleza es un activo invaluable. Más de 100 participantes, entre adultos y niños, se sumaron a estas actividades, fortaleciendo el lazo comunitario y ambiental.

¿Cómo replicar el “Mastaí” para salvar más cuencas en Perú?

Las acciones de restauración implementadas fueron sorprendentemente sencillas pero de alto impacto, basadas en prácticas tradicionales y trabajo comunitario, involucrando equitativamente a varones y mujeres:

  • **Mastaí (Tender el agua):** Se redistribuyó el flujo hídrico para evitar que corriera por un solo canal, logrando irrigar extensas zonas secas, a través de la formación de 3 canales principales.
  • **Cercos de piedra:** Construidos con rocas locales, estos cercos reducen la velocidad del agua hasta en un 25%, minimizando la erosión del suelo.
  • **Abonamiento natural:** Se aprovechó el comportamiento natural de las alpacas y vicuñas —a quienes Mamani llamó «los estercoleros»— para fertilizar el suelo de unas 18 hectáreas y plantar «minichampas» (pequeños bloques de vegetación nativa).

Recuperación del ecosistema con un costo mínimo y efecto máximo

Los resultados presentados por ACCA son una prueba tangible de éxito. Fotografías comparativas entre mayo de 2021 y proyectando una visión de recuperación hacia enero de 2026, muestran bofedales que antes eran tierra muerta y hoy lucen verdes y recuperados. «La propia naturaleza se encargó de poner las semillas y crecer. Se ha recuperado el bofedal de una forma tan sencilla», afirmó Mamani, destacando cómo especies palatables como el Calamagrostis volvieron a poblar la zona sin necesidad de siembra artificial, solo con el manejo estratégico del agua. Se estima que ya se han recuperado más de 20 hectáreas de bofedales activamente.

Éxito probado en 4 meses abre una nueva esperanza regional

El éxito en Japu no es un caso aislado. Mamani confirmó que esta metodología de siembra y cosecha de agua y restauración se está escalando al Área de Conservación Regional (ACR) Ausangate, donde los pastos nativos han mostrado una notable recuperación en tiempos récord de tan solo cuatro meses. La estrategia de Conservación Amazónica, que lleva 26 años trabajando en los Andes-Amazonía, propone un manejo territorial integral: proteger las dos principales cabeceras de cuenca (nevados y bofedales) para asegurar el agua de los bosques, la agricultura y las poblaciones cuenca abajo. Esta es una lección crucial, considerando que el 35% de los humedales globales se han perdido desde 1970.

¿Qué pasaría si Huánuco aplicara estas lecciones ancestrales?

La advertencia de Mamani es contundente: «Si ponemos pinos y eucaliptos arriba o actividades extractivas, ya fuimos en la parte baja». Su intervención cerró con una poderosa metáfora sobre la unidad necesaria para enfrentar la crisis ambiental, un mensaje que resuena profundamente en Huánuco, con sus 11 provincias y miles de comunidades rurales que dependen directamente de sus ecosistemas andinos. «Somos como el agua que se junta gota a gota para recorrer su camino. Si entre nosotros no nos comunicamos, nada vamos a poder solucionar». Es un llamado a la acción para que nuestras autoridades locales, regionales y nacionales trabajen de la mano con las comunidades, adoptando estas prácticas ancestrales para asegurar el recurso hídrico para las próximas generaciones.

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