LA POESÍA MILITANTE DE VALLEJO

Por Arlindo Luciano Guillermo

Un lector sincero y de pensamiento plural de Vallejo debe recordar estos versos: “(Todo acto o voz genial viene del pueblo / y va hacia él, de frente o transmitidos / por incesantes briznas, por el humo rosado / de amargas contraseñas sin fortuna)” Pertenecen a la tercera estrofa del poema I “Himno a los voluntarios de la República”, del poemario España, aparta de mí este cáliz. Quien no ha leído “Masa”, ignora el involucramiento de Vallejo a la causa republicana y la construcción de una metáfora universal. “Al fin de la batalla, / y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre / y le dijo: “No mueras, te amo tanto!” / Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. (…) Entonces, todos los hombres de la tierra / le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; / incorporóse lentamente / abrazó al primer hombre; echóse a andar…” España, aparta de mí este cáliz es más que un par de poemas o de versos leídos sin advertir trascendencia ni impacto social y político que tuvo en las trincheras donde milicianos republicanos combatían por la inmortalidad, justicia y dignidad. Si la hija de Jairo, Lázaro y Cristo resucitaron, entonces los combatientes, caídos en batalla, también. Ahí está el artilugio de la poesía y la genialidad de Vallejo.   

La última fase de la poesía de Vallejo coincide con la solidez de su militancia comunista y marxista, su férrea defensa de la democracia y república de España. Le tocó, históricamente, enfrentar, sin vacilación ideológica, a través de la poesía, el periodismo y la acción revolucionaria, la Guerra Civil Española (1936-1939), pero no le alcanzó vida (murió el 15 de abril de 1938) para testificar la caída brutal de la república y el ascenso del fascismo de Francisco Franco. Vallejo se radicaliza ideológica y políticamente. Entonces escribe España, aparta de mí este cáliz; deja el yo y exalta el plural inclusivo de los milicianos y voluntarios republicanos. Consta de 15 poemas: I “Himno a los voluntarios de la República”, (176), II “Batallas” (143), III (45), IV (25), V (45), VI “Cortejo tras la toma de Bilbao (28), VII (26), VIII (39), IX “Pequeño responso a un héroe de la República (22), X “Invierno en la batalla de Teruel (33), XI (14), XII “Masa” (17), XIII “Redoble fúnebre a los escombros de Durango” (30), XIV (22) y XV “España, aparta de mí este cáliz” (51); en total 694 versos libres, cargados de emoción social y política, involucramiento íntegro en la resistencia de la república. La edición príncipe, de escasos ejemplares, fue editado y distribuido, en las zonas de combate, para avivar el espíritu y el valor de los milicianos. Vallejo es ya un poeta de prestigio y reconocimiento, que sabe perfectamente que la poesía cumple un rol social, sin descuidar la estética y el lenguaje innovador. Dice: “¡Cuídate España, de tu propia España! / ¡Cuídate de la hoz sin el martillo, / cuídate del martillo sin la hoz! (…) ¡Cuídate de los que te aman! / ¡Cuídate de tus héroes! / ¡Cuídate de tus muertos! / ¡Cuídate de la República! / ¡Cuídate del futuro!…” ¿Por qué Vallejo sentía recelo del régimen republicano? El poema revela advertencia, se repite 16 veces el verbo “cuídate”, 14 enunciados exclamativos alertan un posible desengaño político.

Vallejo no se hizo al loco con la Guerra Civil Española, la asumió con acción y propaganda, puso su poesía al servicio de la república. Visitó Rusia, lo expulsaron de Francia por sus vínculos comunistas, llegó a Madrid en diciembre de 1931. Ese año se reeditaría Trilce. Organizó 15 poema que versan sobre la guerra en España. La poesía no solo es delite personal ni pureza estética; la poesía se nutre de las vivencias personales y experiencia histórica. En El arte y la revolución, Vallejo escribe: “El artista absorbe y concatena las inquietudes sociales ambientales y las suyas propias individuales, no para devolverlas tal como las absorbió (que es lo que quería el mal crítico y lo que acontece en los artistas menores), sino para convertirlas dentro de su espíritu en otras esencias, distintas en la forma e idéntica en el fondo, a las materias primas absorbidas” (“La obra de arte y el medio social”). Eso hizo Vallejo: respaldado por su posición marxista y bolchevique, asimila la Guerra Civil Española y la trasforma, con creatividad y lenguaje vital, en España, aparta de mí este cáliz. “En Madrid, en Bilbao, en Santander, / los cementerios fueron bombardeados, / y los muertos inmortales, / de vigilantes huesos y hombro eterno, de las tumbas, / los muertos inmortales / de sentir, de ver, de oír / tan bajo el mal, tan muertos a los viles agresores, / reanudaron entonces sus penas inconclusas, / acabaron de llorar, acabaron / de esperar, acabaron / de sufrir, acabaron de vivir, / acabaron, en fin, de ser mortales!” (II “Batallas”). El gran personaje del poemario es España junto a los “mártires milicianos inmortales”. Sin embargo, hay tres nombres propios: Pedro Rojas, Ernesto Zúñiga y Ramón Collar. Pedro Rojas es miliciano republicano que “después de muerto, / se levantó, besó su catafalco ensangrentado, / lloró por España / y volvió a escribir con el dedo en el aire: “Viban los compañeros! Pedro Rojas”. / Su cadáver estaba lleno de mundo” (III). Ernesto Zúñiga es intelectual republicano. “Herido mortalmente de vida, camarada, / camarada jinete, / camarada caballo entre hombre y fiera, / tus huesecillos de alto y melancólico dibujo / forman pompa española, pompa / laureada de finísimos andrajos! / Siéntate, pues, Ernesto, / oye que están andando, aquí, en tu trono, / desde que tu tobillo tiene canas. / ¿Qué trono? / ¡Tu zapato derecho! ¡Tu zapato!” (VI “Cortejo tras la toma de Bilbao”). Ramón Collar es campesino miliciano. “¡Ramón Collar, yuntero / y soldado hasta yerno de tu suegro, / marido, hijo limítrofe del viejo Hijo del Hombre! / Ramón de pena, tú, Collar valiente, / paladín de Madrid y por cojones; Ramonete, / aquí / los tuyos piensan mucho en tu peinado!” (VIII).    

La Guerra Civil Española remeció al ciudadano Vallejo, la sensibilidad del poeta Vallejo, el pensamiento político de Vallejo. Algo parecido había ocurrido en el Perú cuando estuvo preso injustamente en Trujillo y escribió Trilce. Vallejo defiende la república, lucha contra el fascismo. En 1938, Stalin gobernaba Rusia, apoyó la causa republicana, Vallejo estaba lejos del “dogma estalinista”, su marxismo era heterodoxo, jaspeado con espíritu cristiano. El título hace referencia a Cristo en el huerto de Getsemaní antes de su captura y crucifixión. En España, aparta de mí este cáliz era urgente el lenguaje exhortativo, aliento colectivo y contundencia poética; es el elocuente mural de batallas sangrientas, ejércitos en combate, líderes beligerantes, destrucción y muerte en ciudades y aldeas, ascenso de la dictadura y caída de la oportunidad del pueblo de gobernarse. Es el equivalente al Guernica de Picasso. Se publicó hace 85 años y aún está vigente y lozano. Siempre quedarán en la memoria: “Niños del mundo, / si cae España -digo, es un decir- / si cae / del cielo abajo su antebrazo que asen, / en cabestro, dos láminas terrestres; / niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! / ¡qué temprano en el sol lo que os decía! / ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! / ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!”