Arlindo Luciano Guillermo
Cuando me entero de que en la Franja de Gaza existen poetas, aparecen en mi memoria César Vallejo, Pablo Neruda, Manuel Scorza, Javier Heraud, Alejandro Romualdo y Washington Delgado. Ellos comprendieron que la poesía no solo era reflexión introspectiva, disfrute espiritual y virtuosismo estético, sino también armade combate político e ideológico, crítica deliberada de la realidad histórica, actitud militante de fraternidad y demanda de justicia social. El poeta estaba cerca del pueblo, escuchándolo, escribiendo sobre sus dramas y posibilidades de vivir con dignidad. Manuel Scorza escribe: “Mientras alguien padezca / la rosa no podrá ser bella / mientras alguien mire el pan con envidia / el trigo no podrá dormir / mientras llueva sobre el pecho de los mendigos / mi corazón no sonreirá. / Matad la tristeza, poetas. / Matemos a la tristeza con un palo. / No digáis el romance de los lirios. / Hay cosas más altas / que llorar amores perdidos: / el rumor de un pueblo que despierta / ¡es más bello que el rocío!” En la Franja de Gaza hay poetas, algunos han muerto, como decenas de periodistas, otros siguen vivos como testigos del genocidio, el asedio criminal y la hambruna; se escribe felizmente poesía.
Leer o escuchar sobre Gaza es asociarlo con guerra y tragedia. En ese territorio viven gazatíes civiles y Hamás; es ahí donde Israel descarga su furia militarindiscriminada. La Franja de Gaza es una ciudad en ruinas, bombardeada por aviones y drones israelíes. La gente se muere, literalmente, de hambre, enfermedad y miedo. Es un gigantesco campo de exterminio a la intemperie. En ese país de alta conflictividad se escribe poesía y existen poetas que concentran en sus versos el drama de un pueblo colonizado y diezmado inmisericordemente. La poesía surge de la adversidad, la muerte, el pánico colectivo, el dolor personal y familiar. Ver una foto de las portadas de los diarios causa indignación: madres que lloran a sus hijos muertos, hijos que lloran a sus padres muertos, niños esqueléticos por la hambruna que creímos se había acabado en Auschwitz, edificios derribados, casas en escombros, gente disputándose comida, medicinas, agua, no hay luz eléctrica ni Internet. Ahí se escribe poesía. La poesía no necesita zona de confort, solo el deseo de usar la palabra para decir algo a los demás. En Gaza, el poeta es un cronista. Vivir en Gaza es caminar por el filo de la navaja o de la cornisa. Refaat Alareer (44), docente de literatura en la Universidad Islámica de Gaza y escritor palestino, murió el 6 de diciembre de 2023, durante un bombardeo israelí. Escribe el “poeta nacional de Palestina”, Mahmoud Darwish: “Palestina de ojos y tatuajes. / Palestina de nombre. / Palestina de sueños y de penas. / Palestina de pies, de cuerpo y de pañuelo. / Palestina en palabras y en silencio. / Palestina de voz. / Palestina de muerte y nacimiento. / Te llevé, como fuego de mis versos, / en mis viejas carpetas. / Te llevé de alimento en mis viajes./ Y te llamé, gritando, por los valles”; Refaat Alareer: “Si debo morir / tú debes vivir/ para contar mi historia / para vender mis cosas / para comprar un pedazo de tela/ y unas cuerdas / (hazlo blanco con una cola larga) / para que un niño, en algún lugar de Gaza / mientras mira fijamente al cielo / esperando a su papá que se fue en un resplandor / -y no se despidió de nadie / ni siquiera de su carne / ni de sí mismo- / vea el papalote, mi papalote que hiciste, / volando alto / y piense por un momento que un ángel está allí / trayendo de regreso al amor. / Si debo morir / déjalo traer esperanza / déjalo ser un cuento”. Fue un encargo que le dejó a su hija cuando él muriera. En el poema A mi madre escribe: “Anhelo profundamente el pan de mi madre, / el café de mi madre, / el roce de mi madre. / La infancia se cría en mí, / día tras día en mí. / Y aprecio tanto la vida porque si muriera, / las lágrimas de mi madre me avergonzarían”.
Javier Cercas (El País, 13-9-2025) afirma que, a pesar del asedio brutal de Israel,“quedan las palabras de los poetas”. Señala que se ha publicado en Italia recientemente una antología de la poesía de Gaza, titulada Il loro grido e la mia voce (Su grito es mi voz) que reúne textos de diez poetas palestinos. La poeta Ni’ma Hassan, quien sigue viviendo en Gaza: “Una madre en Gaza no duerme / escucha la oscuridad, controla sus márgenes, filtra uno por uno los sonidos / para elegir una historia que les encaje / para acunar a sus hijos. / Y, una vez que todos se han dormido, / se yergue como un escudo frente a la muerte. / Una madre en Gaza no llora / retiene el miedo, la rabia y las plegarias en su interior, / y espera que acabe el estruendo de los aviones / para liberar la respiración. / Una madre en Gaza no es como todas las madres. / Hace el pan con la sal fresca de sus ojos / y nutre la patria con sus hijos”. Haidar al-Ghazali tiene 21 años, su universidad fue destruida donde estudiaba literatura inglesa: “La niña cuyo padre ha sido asesinado / mientras llevaba un saco de harina / a la espalda / continuará saboreando / la sangre de su padre / en cada pan”. Sabemos que ni la poesía ni los poetas van a resolver el problema entre Palestina e Israel, pero queda el testimonio social de ciudadanos gazatíes. Declara la poeta gazatí Hind Joudah(42): “Mis versos hablan de la falta de pan y de azúcar, de las ruinas, del miedo y del sonido de los drones israelíes”. (El País, 19-10-2025). En Gaza, no hay tiempo para las ficciones borgianas ni personajes de Las mil y una noches ni versos enófilos de Omar Khayyam. La poesía ahí es realista y reportaje de las circunstancias geopolíticas. Escribe: “Soplaré las heridas de Gaza y le cantaré para que se duerma. Le taparé los oídos para que no oiga el rugido de los aviones”. Sus poemas han sido incluidos en la antología Maneras de Palestina(2025), que congrega a 15 poetas menores de 55 años, hecha por Luz Gómez García, docente de la Universidad Autónoma de Madrid.
Se escribe poesía en la paz y en la guerra, en la calle y en la alcoba, en la escasez y la bonanza, despierto y dormido, en libertad y en la cárcel. La poesía en la Franja de Gaza no podría ser declarativa ni sentimental. Cuando le preguntan a Mosab Abu Toha (32), poeta gazatí, que tuvo que huir y ponerse a buen recaudoen Nueva York, para qué sirve la poesía, responde categórico: “Una obligación, una urgencia. Escribo unos versos y los publico. Donde sea. En redes sociales, en páginas de centros académicos o de medios de comunicación. No espero. Mis poemas son también noticias de Gaza que no salen en los medios de comunicación”. Sobre la poesía añade: “Yo escribo un poema sobre la madre que ha perdido a su bebé o sobre un hijo que llora a su padre e intento describir la historia que hay detrás. Mis versos tienen emociones que las noticias no logran captar”. En el muro que separa Israel de Cisjordania, el artista popular Banksy ha pintado tres símbolos poderosos que revelan las atrocidades de la guerra y las ansias de libertad y respeto a la soberanía: el manifestante lanzando flores, la niña registrando al soldado y la paloma con chaleco antibalas. La poesía en Gaza se mantiene perpendicular y vital.




